martes, 15 de marzo de 2016

Lady Writting a Letter with Her Maid, Contexto y análisis de esta obra de Vermeer


Lady Writting a Letter Her Maid (Mujer escribiendo una carta con su criada) es una pintura del holandés Johannes Vermeer, completada entre 1670-1671, que se conserva en la National Gallery of Ireland. Esta obra es vista como un puente entre la restricción y la autocontención de sus trabajos de la década de 1660 y su obra relativamente más fría de la década de 1670. Representa una mujer escribiendo una carta a su amante, mientras su criada, presente, espera que acabe para hacer la función de mensajera.


Contexto histórico
La sociedad holandesa del siglo XVII presenta unas características diferentes a las sociedades católicas de la misma época, ya que cuenta con una diferente organización tanto económica como social.

En el reinado de Carlos V, rey de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, diecisiete provincias de los Países Bajos estaban bajo el dominio Español. Es en 1568 cuando se inicia la guerra de los ochenta años para conseguir la independencia.

Guillermo I de Orange fue el fundador de la familia real liderando a los holandeses durante la primera parte de la guerra, e instauró su residencia en Delft, tercera ciudad más importante de Holanda. Los católicos conservadores del sur y el este apoyaron a los españoles. El factor religioso aparece como preponderante y es el que movilizó las masas para su encarnizamiento.[1]

La rebelión contra la monarquía hispánica llega a su fin en 1648 con la Paz de Westfalia, que da lugar al reconocimiento de la independencia de las siete Provincias Unidas, excepto Flandes[2], constituyendo la primera república democrática europea. Dicha república emergió de la guerra como una potencia mundial gracias a su poderosa armada y su flota mercante. También experimentaron un importante auge económico y cultural, al contrario que la corona española, la cual perdió prestigio y sufrió sucesivas bancarrotas. La sociedad que la formó era protestante y basó su economía en el intercambio de bienes y mercancías, existiendo un claro predominio de la burguesía, que pronto encontró una imagen propia y definida.

Durante el Siglo XVII, Los Países Bajos, con Amsterdam a la cabeza, se convirtieron en el centro del comercio mundial. Las causas de este éxito son varias: el auge de la industria del pescado, la ausencia de proteccionismo debido a la falta de un gobierno centralizado, la eficiente infraestructura desarrollada en las ciudades, el desarrollo de un completo sistema educativo, etc. Los barcos holandeses cazaban ballenas en la costa de Svalbard, comerciaban con especias en la India e Indonesia y fundaron colonias en Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York), Sudáfrica y las Indias Orientales Neerlandesas. Además, algunas colonias portuguesas fueron conquistadas. En 1602 se creó la Compañía de las Indias Orientales. Debido a estos desarrollos, el siglo XVII lleva el sobrenombre de la Edad de Oro de los Países Bajos.

Como eran una república, estaban gobernados por una influyente burguesía comerciante. Los Estados Generales, con sus representantes de todas las provincias, decidían aquellas cuestiones importantes para toda la república. Sin embargo, a la cabeza de cada provincia estaba el estatúder de esa provincia, un puesto ocupado por un descendiente de la Casa de Orange.

El peso de la nobleza era muy débil y la burguesía rentista tenía estudios universitarios y ejercían en el gobierno de los municipios de los diferentes Estados provinciales. Aunque el poder político a veces varió a causa de las luchas mantenidas con los príncipes de la Casa de Orange, su poder social se conservó mediante acuerdos que reservaban a grupos familiares la presencia en los consejos municipales. Los regentes formaban un grupo a parte de la burguesía de negocios.

La burguesía, por tanto, era empresarial en su estructura, en su formación y en su estilo de vida, en sus actitudes y en sus valores, en su base económica e incluso en sus funciones políticas. Además, la estratificación social se intensificó en el mundo de los artesanos, cuya jerarquía se basaba en la calidad social del servicio más que en el valor económico de la producción. La cultura barroca intensificó la diferenciación entre profesiones o artes; liberales o mecánicas.

Respecto a la religión, tras la reforma protestante, el país quedó dividido, una parte católica y otra protestante. Esta última dividida en varias ramas, como los calvinistas o los luteranos. Su separación obedecía a limites territoriales, pero en muchos casos coexistió unida. Se editó una nueva traducción de la Biblia en 1637 y aunque en teoría el culto religioso era libre, en la práctica, el catolicismo estaba prohibido en público.

En el siglo XVII, durante el periodo de la «Edad de Oro neerlandesa», el auge cultural del país tuvo su cúspide. Entre las figuras neerlandesas más notorias de esta época estaban el astrónomo y físico Christiaan Huygens o el filósofo Baruch Spinoza. Además, había extranjeros que vivían en el país gracias a su ambiente de tolerancia, como el francés René Descartes o el inglés John Locke.

La sociedad de la república en este siglo se diferencia del resto de Europa por la ausencia de una aristocracia y clero poderosos. El poder lo va a ocupar la élite burguesa de las ciudades. Esto se va a reflejar especialmente en el patrocinio de las artes y las ciencias, especialmente en la pintura, que alcanzará unos niveles como en casi ningún otro lugar en la historia. Según Peter Mundy (1640)[4], la gran afición de las gentes de este país al arte de la pintura se deberá a la gran cantidad de hombres excelentes que ansían decorar sus negocios y casas, ya que la abundancia en arte se contrapone a la escasez de tierra en la que emplear su capital.

Los coleccionistas particulares se multiplicaron; todo tipo de burgueses llenan sus mansiones de pinturas, en las que deseaban verse reflejados a sí mismos en las paredes de sus casas, repitiendo la realidad cotidiana.

El arte holandés se reinventará después del brusco corte con las tradiciones culturales católicas y de la antigua monarquía. La pintura mostrará muchas de las características del Barroco europeo, pero careciendo, en su mayor parte, de la idealización y el amor por el esplendor típicos de gran parte del arte barroco, incluido el del vecino Flandes. La mayor parte de las obras reflejará la tradición del detallado realismo heredado de la pintura flamenca primitiva[5]. La temática tendrá como protagonista sus paisajes característicos de horizonte bajo, elementos de enriquecimiento, culto a la caza, ciudades comerciantes, retratos y en resumen, la realidad del día a día del país. Maestros como Rembrandt, Johannes Vermeer y Frans Hals nos mostraran ese universo amable de una sociedad satisfecha de si misma en la que todo es suficientemente digno para ser representado, como por ejemplo una “Dama escribiendo una carta”.

Sin alcanzar los niveles de la pintura; la arquitectura, la escultura, la literatura y la música también florecieron esos años. Es en esta época cuando Amsterdam desarrolla su característico aspecto urbano y se diseñan sus canales en forma de anillo. Se desarrolla un urbanismo denominado por muchos autores como “práctico y antimonumental”. No se plantean ciudades de ámbito aristocrático y cortesano como en el resto de Europa, sino ciudades pensadas para la burguesía y su función económica en la que priman los valores utilitarios y los organismos oficiales, concediéndole escasa importancia al monumento en sí, algo por otro lado tan barroco. Ayuntamientos y lonjas son los principales edificios civiles del siglo.

Ligado a esta mentalidad práctica burguesa, está el hecho de que no existan grandes ciclos decorativos con grandiosos temas históricos o heroicos. Se prefiere el tema de la casa privada y su interior, que el gran palacio representativo y heroizante.

La actividad literaria y musical se centrará en el llamado círculo de Muider bajo el mecenazgo de Pieter Cornelis Hooft. En este ambiente destacó también Hugo de Groot; escritor, matemático, teólogo, historiador y jurista; a quien se considera fundador de la legislación internacional.

Con respecto al arte religioso, la Holanda protestante no tiene el mismo sentido del mismo que el resto de la Europa Católica. En el terreno constructivo, asistiremos a la creación de una nueva tipología de iglesia, más en consonancia con el ritual protestante. Para el nuevo rito el factor decisivo era el “sermón”, Necesitaban entonces un espacio en el que la acústica fuese fundamental. Las iglesias protestantes eran más un lugar de reunión que de culto propiamente dicho, motivo por el que se va a preferir el plan central. La liturgia protestante opta, más o menos radicalmente por el abandono de la imagen, ya que contemplan la relación con la divinidad y lo sagrado, más como una cuestión individual, privada, en la que el fiel y Dios se comunican sin necesidad de mediación plástica.

Análisis de la obra
El aumento del nivel intelectual en la Holanda del Barroco permitiría que un amplio número de mujeres burguesas aprendieran a leer y escribir. Las cartas amatorias provocarían importantes controversias jurídicas ya que se hacía necesario aclarar si implicaban adulterio o compromiso matrimonial. Vermeer no dudaría en incorporar la temática amorosa y especialmente la relacionada con las cartas, en un buen número de sus escenas de género como bien podemos comprobar en este lienzo[3].

En un primer plano, situando entre el espectador y la mesa y la silla, nos encontramos con la señora de la casa, afanada en la escritura de una carta, con sus mejillas sonrosadas, el semblante sonriente y una descuidada concentración. La mesa se cubre con un tapiz oriental utilizado en otras obras. En el suelo encontramos un detalle que corresponde a una barra de lacre, un sello de color rojo brillante y una carta arrugada. Las cartas en esta época eran consideradas objetos valiosos y su presencia en el suelo, desmiente el ambiente claramente tranquilo del interior, probablemente porque el contenido haya alterado a la señora.

La doncella está en calma y cruzada de brazos con paciencia, mirando por la ventana de reojo, para quizás divisar al receptor de la epístola, el amante. Muchos expertos relacionan el motivo icnográfico con la Templanza. Es sabido que Vermeer experimentaba con la subversión de las posiciones jerárquicas sociales de las figuras en su composición. En este caso, la criada ocupa el centro exacto de la pintura, a pesar de tener un papel neutral. Normalmente, en la literatura, la criada a menudo era representada como una amenaza para la seguridad del hogar. Vermeer la plantea como la mensajera.

En la pared del fondo se exhibe un lienzo. Se trata de la versión más aplanada y esquematizada de el hallazgo de Moisés de Pieter de Grebber. Este episodio representa el momento en el que la hija del Faraón de Egipto y sus doncellas descubren un bebé hebreo en una cesta escondido por su madre para escapar de decreto de pena de muerte a todos los bebés hebreos. La historia en general, se interpretó como la alusión al abandono de niños no deseados. Elemento simbólico que indicaría que estamos ante una relación extraconyugal contra la cual las autoridades intentaban luchar, utilizando incluso los cuadros como instrumento pedagógico. Hay que tener en cuenta que la pintura holandesa toca un tema habitual en el Barroco europeo, la “Vanitas”, con un sentido alegórico, de carácter moralizante. Aunque también podrían encontrarse simplemente paralelismos entre los personajes; la hija del faraón como Dama, la doncella como hermana de Moisés, que sirve de mensajera.

Los interiores holandeses se basan en complejos y estudiados esquemas geométricos que hacen que el resultado final sea equilibrado y reposado. Vermeer también utiliza la luz, de focos naturales, como otro de los elementos que se encargan de organizar la sucesión de los espacios. En este lienzo está presente un potente foco de luz procedente de la ventana emplomada, en sintonía con los trabajos de Caravaggio, creando una atmósfera envolvente que resalta los brillos de las tonalidades, acercándose así a la escuela veneciana y a Rembrandt.

Un detalle en la decoración del interior serían las baldosas de cerámica que configuran el zócalo, de fabricación local, pintadas a mano y una de las bases industriales de la ciudad de Delft. Servían para aislar de humedad. También cabe mencionar el suelo de mármol, una exageración del poder económico burgués, ya que en realidad se preferían los suelos de madera para conservar el calor.

El género que mejor define a una sociedad, es el retrato. La imagen habitual que ofrecen los artistas holandeses es la del burgués o noble despreocupado, alegre, sin sentido heroico, constituyendo la imagen de una sociedad confiada, que vive en el presente.

La escasa treintena de obras ejecutadas por Vermeer durante su carrera, son minuciosas, casi escrupulosas réplicas de lo que podríamos ver en la época en un hogar flamenco en la ciudad de Delft. Pero también son un reflejo y una meditación moral sobre algunas de las fallas de una burguesía afanada en acaparar dinero. Mientras, las señoras de la casa, ociosas, se distraen recibiendo visitas, tomando lecciones de música, bebiendo vino, o manteniendo correspondencia secreta con sus amantes.

Notas
[1] V.V. A. A. Manual de Historia Moderna. Editorial Ariel. Barcelona. 1993.
[2] ECHEVARRIA, Miguel Angel. Flandes y la monarquia hispánica, 1500-1713. Sylex Ediciones. Madrid. 1998
[3] VERGARA, Alejandro. Veermer y el interior holandés. Turner. Madrid, 2003.
[4] CARNAC TEMPLE, Richard. The Travels of Peter Mundy in Europe and Asia: 1608 – 1647. Londres, 1925.
[5] WILSON, Charles. Los países Bajos y la cultura europea en el siglo XVII, Guadarrama edición. 1968.

2 comentarios:

  1. ¡Hola Scarlett!

    Es un cuadro precioso, que podría mirar durante horas sin inmutarme. La composición y la luz, y la suavidad de las pinceladas son minuciosas. Hay que ver lo que aprendo contigo en estos pedazo de posts. Me llama la atención que Vermeer utilice el mismo color de corpiño en este cuadro que en 'La lechera' o en 'La joven de la perla'. También retrató algo parecido (a nivel social, de lo que correspondía con la conjunción amatoria de la época) con 'Muchacha leyendo una carta'. Sea lo que fuera, sus obras pasarán a la historia del arte y la cultura como unas de las más bellas y de inigualable legado pictórico.

    Un besoteeee!!! ♥ Y gracias por este post tan completo!

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  2. Jo, gracias Hydre. Muchas veces pienso que esto no le va a interesar a nadie. Me encanta que a ti si. Y tienes razón con todo lo que dices, lo del color... jum,... sospechoso, jejeje. Un beso y muchísimas gracias por leer.

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