martes, 16 de febrero de 2016

La Iglesia de Santa Ana de Barcelona


La Iglesia de Santa Ana forma parte del conjunto del Monasterio de canónigos del Santo sepulcro de Santa Ana fundado a mediados del siglo XII. Después convertido en  colegiata de Santa Ana y finalmente en Parroquia, sólo se conserva la iglesia, el claustro y la sala capitular. El templo es el resultado de numerosas reformas y añadidos. 

Se encuentra en pleno centro de la ciudad, en el barrio gótico, muy cerca del Portal del Ángel y de la Plaza Cataluña. Es complicado dar con ella, pues se encuentra en una plazoleta sin salida, la Plaza Ramón Amadeu, a la que se accede por el pasaje Rivadeneyra desde el 29 de la Calle Santa Ana, donde se  conserva el portal del siglo XV por el cual se accedía al conjunto conventual.

La primitiva iglesia de Santa Ana fue edificada entre 1141 y 1146 por la Orden de los Templarios, siendo su planta de cruz griega con ábside cuadrado y cimborrio. La iglesia, conserva la estructura románica, aunque es plenamente gótica en la cubierta, el cimborrio, el claustro y la sala capitular correspondiendo al siglo XV. En la placita adyacente se encuentra una antigua cruz de término.

Posteriormente la nave fue alargada con bóvedas de crucería más elevadas que el transepto. Se le añadió a la nave central una cubierta con bóveda de crucería, conservándose la primitiva bóveda de cañón apuntado en el transepto. 


A partir de 1420 se organizó, como tal, el monasterio de Santa Ana, dando lugar a un periodo de edificación que se alarga hasta finales del siglo XV. De esta época son las construcciones que conservan un mayor carácter monástico como son el claustro y la sala capitular abierta a éste y actualmente convertida en capilla bautismal.  

En el interior de la iglesia hay varias esculturas y retablos, destacando especialmente la capilla de los Perdones, con un grupo escultórico datado del siglo XV, y numerosos vestigios de la presencia de la orden del Santo Sepulcro en el monasterio. De épocas posteriores destacan dos pinturas de Joan Llimona y una escultura suya, también una copia escultórica de la Madre de Dios con el niño de Damià Forment, y numerosos bienes inmuebles más.

El 10 de diciembre de 1881 la iglesia fue declarada Monumento Històrico-Artístico de Interés Nacional, y esta recogida en el catálogo de Patrimonio arquitectónico de la ciudad de Barcelona.


Historia

La historia de la iglesia y el conjunto monástico se divide en tres etapas diferenciadas. La primera corresponde al monasterio perteneciente a la orden del Santo Sepulcro, con una comunidad que profesaba la regla de San Agustín, hasta finales del siglo XVI. La segunda etapa constituye la historia de la colegiata que se extiende hasta bien entrado el siglo XIX, cuando empieza la etapa final provocada por la disolución de las colegiatas y por las leyes de desamortización, donde Santa Ana se convierte en parroquia hasta la actualidad.

La devoción al Santo Sepulcro, fomentada por la epopeya de las cruzadas, floreció en Barcelona, como en todas las poblaciones del mundo cristiano, y fue el motivo para la construcción en 1067 de una capilla dedicada, en uno de los cementerios inmediatos a la catedral. Esta orden tiene su origen cuando el emperador Constantino I, influenciado por su madre, Helena de Constantinopla, decide edificar un templo sobre la cueva donde supuestamente fue depositado el cuerpo de Cristo. Éste ordena que unos monjes sean los encargados de custodiarlo. Con la victoria y conquista de Jerusalén en la primera Cruzada, Godofredo de Bouillón, los sustituyó por monjes-guerreros fieles a Roma, refundándose definitivamente la Orden de Caballería del Santo Sepulcro, la primera orden religiosa y militar de la historia. Según parece, fue en 1141 cuando llegaron a Barcelona acogidos a la regla de San Agustín. La orden del Santo Sepulcro tenía ya bienes en Cataluña fruto de donaciones anteriores, algunas previas a la primera cruzada y realizadas por peregrinos catalanes a su regreso de Tierra Santa. Pero fue a raíz de éstos pactos cuando en 1141 llegó a Barcelona un grupo de monjes, presididos por Gerard, el recién nombrado prior de la orden para las tierras de Hispania, y se establecieron formalmente en la ciudad para llevar a cabo un par de encargos. El más importante, renunciar con el rey Alfonso II a los derechos de herencia que la Orden del Santo Sepulcro tenía en el reino de Aragón. El segundo motivo, no era otro que realizar una fundación en Barcelona.

Mientras, los papas Honorio II, Alejandro III e Inocencio III confirmaban las posesiones y bienes de la orden y concedían privilegios a los monjes del Santo Sepulcro. Adquirió ésta una especie de reconocimiento oficial, y por tanto, se estableció su residencia en una casa más adecuada a su importante categoría que la capilla que hasta el momento tenían. Se puso en marcha la construcción de una casa para la famosa Orden, en un lugar del suburbio norte, que se iba formando a extramuros de la ciudad. De esta manera Santa Ana se convierte en un monasterio con bienes abundantes, dentro y fuera de Barcelona hasta finales del siglo XIII. Con la llegada de los órdenes mendicantes a Cataluña, decaerá su influencia entrando en crisis durante el XIV y el XV. Surgirán conflictos en el monasterio en frente de los poderes eclesiásticos centrales, con el papa, el patriarca y el prior máximo. Estos conflictos derivan por la elección del prior y cuestiones económicas. 

Los frailes agustinos que formaban la Congregación de la Penitencia de Jesucristo, y que habitaban el convento de Santa Eulalia del campo, a instancia del rey Alfonso V y por disposición del Papa Martín V, pasaron en 1423 al convento de Santa Ana al tiempo que las predicadoras de Montesión, que entonces ocupaban el convento de Jerusalén, pasaban al que dejaban los frailes de Santa Eulalia del campo, en la plaza de Santa Ana . Entonces pasó a llamarse de Santa Ana y Santa Eulalia, aumentando los problemas internos. 

Debido a la manifiesta inestabilidad de la congregación monacal, el Papa decidió en 1452, encargar la redacción de unos estatutos y ordenaciones para el nuevo régimen de la casa. En 1491 probablemente no iba aún por muy buen camino la fama de la congregación por lo que el Papa tuvo intención de suprimir a los canónigos y traspasar las rentas a los religiosos de San Juan, sin llegar a conseguirlo.  Los religiosos de San Juan intentaron más tarde hacerse de nuevo con el priorato de Santa Ana en 1574, pero de nuevo sin éxito. La orden del Santo Sepulcro por una parte, y los canónigos regulares agustinianos por la otra, entran en una crisis profunda que acaba con la disolución de la orden el 1489, y la de los canónigos en 1592. En consecuencia Santa Ana vive en la indefinición en el siglo XVI.

El priorato y la comunidad de canónigos regulares fue secularizada en 1595, con el Papa Clemente VIII, y el monasterio pasó a ser colegiata, recibiendo el titulo de Real y gozando del privilegio de jurisdicción exenta. Tuvo doce canónigos, cuatro comensales y ocho beneficiados. El prior era nombrado en consistorio y disfrutaba  del privilegio de estar constituido en conservador de la Universidad, la cual estaba bajo la protección y régimen de la ciudad. Los miembros de la comunidad ya no eran monjes bajo una regla, sino canónigos regulares que tienen como obligaciones comunes las celebraciones litúrgicas básicamente, pero sin vida comunitaria ni votos religiosos.

Bajo la dominación napoleónica, en 1810, los franceses mandaron clausurar entre otras, la iglesia de Santa Ana. En 1822 se creó la parroquia de Santa Ana, que fue reformada en 1835 cuando se decretó definitivamente la abolición de la colegiata, disponiéndose que sus doce canónigos se fuesen suprimiendo a medida que falleciesen o fueran trasladados. Pero como las siete parroquias entonces existentes en Barcelona no eran suficientes para el servicio religioso, se crearon otras nuevas, recibiendo la primacía la de Santa Ana. En el artículo 31 del Concordato de 1851 se estableció que las iglesias que hubiesen sido colegiatas pasarían a ser parroquias mayores, siendo una de ellas Santa Ana.

En 1873 fue profanada como otras iglesias de la ciudad por grupos armados, cerrándose el culto por un breve tiempo. 

En 1936 las dos iglesias: la vieja, que hoy podemos ver, y la nueva, un estilizado edificio neogótico, fueron incendiadas. Quizá por ser monumento nacional construido a lo largo de la edad media, la vieja iglesia salvó sus muros, pero la nueva fue dinamitada y sólo de ella persiste un lienzo de pared que limita la plaza y el espacio vacío de ésta.

En el historial de la iglesia de Santa Ana se añaden varias curiosidades, como por ejemplo, la aparición por primera vez de la hoja dominical, que tan gran éxito alcanzó por las iglesias del país. Alrededor de 1891 el cura párroco doctor Gatell tuvo la idea de repartir y publicar cada domingo entre los fieles, una hoja semanal con los divinos Oficios.

Otra curiosidad importante es el hecho de que durante mucho tiempo, multitud de peregrinos venían a visitar la capella dels perdons , como era conocida popularmente la capilla del Santo Sepulcro, entre la víspera del 26 de Marzo hasta la puesta de sol del día siguiente, ya que equivalía a peregrinar a la original en Jerusalén. Con ello, todos los pecados eran perdonados. Eran “els perdons de Santa Anna”.

Finalmente, lo que más llama la atención de esta iglesia es que es la sede de la lugartenencia oriental de la Orden de los Caballería del Santo Sepulcro de Jerusalén en España. Debido a ello, en la actualidad se sigue celebrando su liturgia una vez al año, vistiendo incluso indumentaria medieval.

Claustro
Arquitectura

Las construcciones monacales conservadas corresponden a las más emblemáticas del conjunto: la iglesia, el claustro y la sala capitular. Si se comparan con otros monasterios se aprecia su carencia de grandiosidad, pero pensar que estamos ante una comunidad pequeña sería un error. Hay que tener en cuenta el importante número de construcciones desaparecidas a lo largo del tiempo cuyas referencias no abundan para poder sacar conclusiones.

Tenemos diferentes estilos arquitectónicos representados en el conjunto pasando por el románico de transición y el gótico del XII al XV. Esta diversidad igualmente, no rompe con la armonía del conjunto, en especial en la iglesia, donde más confluyen los estilos.

En la iglesia, la parte románica del siglo XII de la nave transversal, del presbiterio y del ábside, enlaza perfectamente con la nave central gótica del XIII, gracias a una mezcla de esbeltez románica con sobriedad gótica. La solución del cimborrio influye en esta sensación, aunque su construcción es posterior, pero dentro del periodo monástico.

La iglesia de Santa Ana es un monumento-tipo que ofrece los vestigios del género mixto que se engendró cuando la transición del románico al gótico aún no había fundido en uno todos sus elementos. Documentado queda que la piedra de corte para la edificación de la iglesia y el convento corresponden a una donación de Arnau Metge en el año 1169. También que el año 1177 un tal Carfio ofrece todo su patrimonio para la construcción haciendo constatar las fechas de construcción de la primera iglesia .

La planta de la iglesia es la imitación de la establecida por la Orden de los cistercienses, que fue seguida por la orden del Santo Sepulcro. Es de cruz griega, conservando la forma rectangular en las capillas. Tiene el ábside cuadrangular, y cubierta de bóveda de cañón ligeramente apuntada en el ábside y el transepto que aún su alzada, muestra inconfundible el estilo. Estas características se extienden hacia la cabecera de la nave principal, donde la bóveda presenta claramente la punta distintiva de la transición. En esta zona del presbiterio, las ventanas laterales y el grosor del muro son la mejor prueba de los límites de aquella primera construcción.

Los ventanales abiertos del ábside, y la construcción de detrás que corresponde a la sacristía actual, son posteriores. Una de las paredes muestra claramente donde se acaba la antigua construcción a la que se añadió dicha sacristía. Por tanto, el alargamiento de la nave con los ventanales y los escudos con la cruz patriarcal que destacan en los muros, son del siglo XIII.

Dos capillas justo en la entrada a derecha e izquierda, más dos correlativas situadas al fondo, pasado el crucero, son elementos posteriores, igual que la puerta de entrada. Es inevitable que desfiguren el espacio original al ser un espacio reducido. Fue alrededor de 1300 cuando se esculpió la puerta principal de la iglesia, en testera del brazo derecho del crucero, y también durante el siglo XIV se acabó de construir la nave que se cubrió con dos tramos de bóveda de crucería de altura superior a la del crucero. Para armonizar esta diferencia de alturas, se construyó un cimborrio encima del crucero apoyado sobre trompas aparejadas en crucería tripartita prevista para soportar una linterna que no se llegó a construir. Por esta razón en 1507 se improvisó un tosco acabado que se hundió a consecuencia del incendio en 1936. Acabada la Guerra civil fue construida la actual cubierta del cimborrio con mampostería y ladrillos.

En la simplicidad  de la construcción se puede adivinar la influencia cisterciense, remarcando una decoración simple y vegetal y muy esquemática de las ménsulas que actúan como capiteles. La ampliación de la nave debía responder a las necesidades de poder alojar a más fieles en un entorno que había ido creciendo.

Al final de la nave central se puede percibir el acceso antiguo al claustro, a pesar de los añadidos y cambios de la construcción que la sala capitular y que el nuevo claustro supusieron. El acceso principal al coro se hacía desde la iglesia mediante una escalera cercana a la actual, pero no la misma que ahora se hace servir.

De las capillas anexas a la nave transversal, interesa la situada justo en la entrada del templo, hoy la capilla de la Purísima, aunque durante muchos siglos fue la de Todos los Santos y donde había uno de los altares más antiguos. Actualmente es la única de las capillas que conserva su estilo gótico.

Nave central
Puerta de entrada
El monasterio de Santa Ana no se organiza como tal hasta después de 1420, cuando las dos comunidades de frailes, los de la Penitencia y los de la Santa Eulalia del Campo, se fusionan y fundan la Casa del Santo Sepulcro. Un priorato que adquiere el nombre de Santa Ana y Santa Eulalia, iniciando un periodo de gran actividad constructiva que se prolonga hasta finales del siglo XV. De esta época se conserva el claustro bajo y la sala capitular hoy convertida en capilla bautismal. 

Hemos de suponer la existencia de diferentes construcciones, como por ejemplo la reservada a los novicios, que tenía acceso directo al claustro y de cuya entrada se conserva una puerta hoy cegada, en el ala noroeste. La destrucción total del edificio del noviciado pasó alrededor de 1873 cuando demolieron las murallas del entorno. La democión fue motivo de la urbanización de aquel espacio que posteriormente se convertiría en la actual Plaza de Cataluña. La edificación del noviciado estaba asentada sobre un terraplén natural aislado, y había sido construida en el siglo XIV. Era de planta rectangular. Sus paredes, de piedra sillar, no muy altas, eran fuertes muros asegurados por gruesos machones. Estos alternaban con ventanales estrechos prolongados y rematados en ojiva. Tenía puerta ojival de ingreso y rosetón en el fondo. El techo, a dos aguas, era de vigas y el artesonado, de madera, se estiraba sobre cuatro grandes y esbeltos arcos apuntados .

La sala capitular, pieza básica del monasterio, es de planta cuadrada con arcos en las esquinas que convierten la bóveda nervada en una solución copuliforme propia del gótico. Al fondo, una capilla igualmente rectangular, cubierta con arcos de crucería muy rebajados. 

El promotor de la sala capitular, el prior Mateu Fernàndez, ocupa en su lápida sepulcral, un lugar central al pie de la capilla del fondo. Puede ser el mismo prior que aparece en la representación de la clave de la bóveda, recibiendo la regla de san Agustín. En los escudos está la cruz del Santo Sepulcro, con la clara referencia al orden al que pertenecía la comunidad. En la capilla pequeña, la presencia iconográfica de Santa Eulalia certifica la unión con el monasterio de Santa Eulalia del Campo. Las otras representaciones son propias de las escenas de la salvación, pero con una ambientación local. Así en una ménsula, San Joaquín con su rebaño, recibe el anuncio del ángel de que su esposa Ana concebirá una hija. En otra ménsula, Ana es presentada a su hija María. También encontramos el misterio de la Cruz. Santa Elena con la cruz y otros atributos de la pasión.

El claustro se construyó alrededor de 1478 y es de planta rectangular con galerías sostenidas por arcos apuntados sobre capiteles esquemáticos y columnas. La galería más alta es de construcción posterior y se hizo con arcos rebajados. Debido a la acumulación de material combustible, se quemó el año 1936 y se tuvo que hacer una considerable restauración.

El claustro superior permite el acceso al coro de la iglesia, posiblemente por el mismo sitio donde se hacia antes de la construcción de la sala capitular. Desde el claustro inferior hay acceso a la iglesia y a la sala capitular por una puerta con arco de medio punto. A cada lado hay dos ventanales con arcos apuntados, y también aparece en la pared esculpida la cruz patriarcal.

Imágenes a destacar del interior de la iglesia de Santa Ana

Varias reformas y transformaciones han sufrido los altares de esta iglesia desde el tiempo que comenzó a ser parroquial. Se sabe que en el siglo XIII se erigieron altares para celebrar sufragios de familias socialmente distinguidas, y de grandes protectores de Santa Ana. Aunque se desconoce su ubicación exacta, algunos ocupaban espacios que posteriormente fueron modificados para construir otras capillas.  Como es lógico, pocos se conservan de la época de la orden del Santo Sepulcro en el monasterio, y de la colegiata posterior. Pero si que quedan algunos vestigios que merecen mención.

Del siglo XV, en el lado del crucero, está la capilla de los Perdones, que con el tiempo ha sufrido notables transformaciones. Se halla en ella un grupo escultórico que representa el entierro del señor. Fue un encargo del arcipreste de Daroca al artista Gabriel Guàrdia, del cual solo conocemos obras pictóricas. El grupo esta formado por figuras de tamaño natural que corresponden a Cristo, Nicodemus y José de Arimatea en los extremos de cuerpo entero, la Virgen, San Juan, Santa Magdalena, y las dos Marías, Salomé y Cleofé. Sorprende la combinación de materiales, ya que la Virgen María, San Juan y Santa Magdalena son labradas en barro mientras que las otras son en madera. Pero todas son policromadas. En la parte exterior de la pared de esta capilla se ven grabadas en la piedra unas conchas que son recuerdo de los peregrinos que asistían al Jubileo de los Perdones. De esta capilla además hay que recalcar la imagen gótica de la Virgen de los Perdones datada del siglo XV, que presidía la capilla y cuyo autor es Pere Johan, el mismo que trabaja en los retablos de las sedes de Tarragona y Zaragoza. La Santa Ana es una pieza que hoy se halla en el museo diocesano.

También de la época monástica, encontramos en la pared lateral de la nave un portal que termina en un arco muy rebajado, abierto sin duda en época posterior a la construcción del edificio. En su interior se halla un recinto cuadrado correspondiente a la capilla de San Daniel,  cuyo arco de ojiva debió ser construido entre el XIV y el XV. Contiene un altar sobre una gradería donde descansa un sepulcro relicario de alabastro, de delicada labor gótica, con una imagen yacente labrada sobre la vertiente de la visible tapa. Parece ser uno de los antiguos canónigos de la colegiata ya que lleva el hábito monacal. Es un sepulcro destinado a contener los restos de un prior de la colegiata pero además posteriormente utilizado como relicario. Al ser erigida la iglesia en parroquia, no heredó de la antigua colegiata ni objetos de valor material, ni ricos vasos sagrados u ornamentos litúrgicos, pero guarda como preciada herencia, una estimable cantidad de reliquias.

Ya posteriormente, entre los siglos XVI al XIX, se reconstruyeron algunas tumbas y se realizaron las capillas de la Madre de Dios de la Misericordia, construida por la familia Marimón, donde tuvieron la tumba familiar, la lápida de la cual todavía se conserva. También la de la sacristía, hoy la capilla del Santísimo, de grandes dimensiones cuyas decoraciones actualmente son de época contemporánea. Destaca  una escultura en relieve de piedra, cuya lápida lleva inscrito el nombre Franciscus, representa un canónigo yaciendo. La figura aparece envuelta con motivos florales. Es una talla con la técnica del cincelado, datada de 1653. No muy lejos se encuentra otra datada diez años más tarde que lleva inscrito el nombre de Bartomeus, también un eclesiástico con una banda de decoración floral.

Había en el año 1699 un altar dedicado a san Agustín, representado con mitra encima de la capilla. La imagen mostraba al santo dando la regla a sus monjes y canónigos y aparecía con hábito de monje, cogulla negra y capa pluvial.

Algo sorprendente de la Iglesia de Santa Anna, es que después del incendio del año 1936, apareció escondida detrás de un altar una gran cruz, la cruz paté, inconfundiblemente templaria, roja y con los cuatro brazos iguales, abriéndose en sus extremos exteriores.  También se puede ver, hoy en día, coronando uno de sus tejados otra de esas cruces. 

Bibliografía

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1 comentario:

  1. ¡Hola!

    Vale, tírame piedras, que soy de Barcelona y esta iglesia no la conocía. Tampoco es que las iglesias es que me tiren, pero esta es especialmente bonita y eso que paso por delante del Portal de l'Àngel cada semana. Así que sin duda iré a verla. Gracias por la currada del post y por resumir este cachito de historia, que no es moco de pavo.

    Un besoteeee!!! ♥

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