martes, 15 de diciembre de 2015

The Museum of Modern Art (MoMA)



Introducción

El Museo de Arte Moderno de Nueva York es una institución compleja que abarca diversos significados. Para unos el Museo es una idea representada por su colección y amplificada por su programa de exposiciones, para otros aún es un laboratorio del saber, un sitio donde el arte más provocador y difícil de nuestro tiempo se puede medir con los logros del pasado inmediato. Ya en 1929 sus fundadores soñaban que sus múltiples significados y potenciales se resolverían en un logrado equilibrio final. Fue en 1939, precisamente en su presentación del catálogo de la décima exposición conmemorativa, cuando el presidente del Museo para entonces, A. Conger Goodyear, proclamó con orgullo que la institución por fin había alcanzado su madurez[1]. Pero Goodyear no podía prever los retos venideros que estaban por llegar, ya que el Museo estaba iniciando una aventura, un proceso evolutivo que aún hoy continua, pasado más de medio siglo. El Museo de Arte de Nueva York por tanto, es una empresa exploratoria cuyos parámetros y posibilidades permanecen abiertos.

De un pequeño local provisional en el 730 de la Quinta Avenida al nuevo edificio que ocupa casi una manzana entera en el 11 de la Calle 53 Oeste, el Museo ha crecido, ha cambiado, y se ha replanteado periódicamente, convirtiéndose desde el principio en un laboratorio para el estudio de los modos en que la modernidad se ha manifestado en las artes visuales. Con el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la tradición de Museo como recreador del arte del pasado se rompe a favor exclusivamente del arte de nuestros días. Pero este Museo no se distingue solo por esa exclusividad, sino por considerar como un problema todo lo que en nuestros días se considera arte.

En resumen, el Museo constituye la colección de artes plásticas mas importante del mundo desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, gracias a la iniciativa de un grupo de personas aficionadas al arte, que lo fundaron en 1929 y publicaron un folleto con el titulo de A New Art Museum[2], en el que definían sus objetivos, con el propósito de adquirir mediante compra y donación las mejores obras de arte que ellos catalogaron como “moderno”.

La colección

En la época de la creación del Museo, salvo  muy contadas excepciones, el panorama artístico norteamericano reflejaba aún una considerable inmadurez con respecto a las poderosas corrientes renovadoras que se habían hecho sentir en Europa desde los comienzos del siglo XX y cuyo primer eco llego en 1913 al publico neoyorquino en la memorable Exposición del Armony Show (International Exhibition of Modern Art) en la armería del 69 regimiento de la Guardia Nacional en Nueva York, conocida también como la exposición del  Arsenal, promotora de escandalo y de airadas protestas. Esta exposición se convirtió en un punto de inflexión para el arte de Estados Unidos en dirección al denominado "arte moderno", frente al hasta entonces dominante academicismo. Provocó que los artistas estadounidenses se hicieran más independientes y crearan su propio lenguaje artístico.[3]

De todas formas, años después de aquella muestra, la opinión seguía considerando con el mayor recelo las novedades artísticas europeas, pero existía, afortunadamente, una elite bien informada, de espíritu abierto, capaz de valorar las realizaciones de los innovadores y dispuesta a librar el buen combate por el arte viviente contemporáneo. A esta elite pertenecían quienes fundaros el Museo de Arte Moderno con el principal propósito de procurar a quiénes quisieran aprovecharla, la oportunidad de familiarizarse con los nuevos lenguajes de la pintura y la escultura mediante la frecuentación de exposiciones, permanentes o temporales, de obras modernas de calidad, escogidas con criterios de valoración artística, pero descartando toda producción que no fuera reciente y novedosa por su forma o por su contenido. No se pretendía rivalizar con el fabuloso Museo Metropolitano de Bellas Artes, sino suplir algunas lagunas que en este instituto, consagrado a la glorificación del arte del pasado, forzosamente existían en materia de manifestaciones de la actividad creadora contemporánea.

Las primeras obras llegaron en 1929, el año de creación de Museo. Pero la colección no echó a andar realmente hasta 1931; después de que Lillie P. Bliss legase al Museo un soberbio conjunto de 116 pinturas, grabados y dibujos de las que formaban parte las obras de Paul Cézanne El bañista, Pinos u rocas, y Naturaleza muerta con manzanas, la obra de Paul Gauguin La luna y la tierra y muchas otras de Van Gogh, Surat, Renoir y Degas, algunas de ellas adquiridas en la misma exposición del Arsenal. En 1940 la colección comprendía 2590 piezas, entre ellas 519 dibujos, 1466 grabados, 436 fotografías, 169 pinturas y 1700 películas. Veinte años más tarde superaban ya las 12.000 y en 1980 ya eran más de 52.000. Hoy el Museo posee más de 6.000 dibujos, 50000 grabados y libros ilustrados, 25000 fotografías, 3200 pinturas y esculturas y 24000 obras de arquitectura y diseño con 20000 películas, videos y obras en otros medios.[4]

Mrs. John D. Rockefeller Jr., Mrs Simon Guggenheim, A Conger Goodyear, Stephen C. Clark, Nelson A. Rockefeller, Edward M. Warburg y otros, por su parte, realizaron ulteriormente donaciones de obras y suscribieron recursos, encabezando una lista de patrocinadores del Museo en que hoy figura un millar de nombres, inclusive los de artistas tan famosos como Alezander Calder, Marcel Duchamp, Michel Larionov, Jacques Lipschitz, Aristide Maillol, Ben Nicholson, Antoine Pevesner, George Gershwin y Leopold Stokowsky.

En 1937, por generosidad de miembros de la familia Rockefeller, se creó el primer fondo destinado a adquisiciones directas del Museo y desde ese momento, las colecciones patrimoniales fueron creciendo con piezas escogidas en la producción de artistas modernos de cuarenta naciones distintas.  La inmensa mayoría de los objetos que componen la colección del Museo han sido adquiridos en forma de donaciones y legados, pero a partir de entonces el Museo también compró obras de arte, y ocasionalmente se desprendió de alguna para depurar y mejorar sus fondos. Quizá el caso mas celebre sea la venta de una obra de Edgar Degas junto con otras del legado de Lillie P. Bliss, que permitió adquirir Les Demoiselles d’Avignon de Picasso, una de las pinturas más importantes del siglo XX, y piedra angular de la colección. Por el mismo procedimiento se pudieron adquirir en 1989 el Retrato de Joseph Roulin de Van Gogh, en 1995 el celebrado grupo de quince obras de Gerhard Ritcher 18 de Octubre de 1977 y en 2003 el Buceador de Jasper Johns, entre otros grandes ejemplos. La razón principal de que el Museo posea la colección mas completa de arte moderno del mundo es que desde el comienzo solo ha aceptado donaciones incondicionadas, con muy pocas excepciones. Eso le ha permitido revisar periódicamente la importancia creativa de cada obran aunque también le haya costado perder algunas en beneficio de otras instituciones, así como la colección de Walter y Louise Arensberg, que fue cedida a Philadelphia Museum of Art por no poder aceptar el Museo de Arte Moderno las condiciones impuestas por los donantes. [5]

Cabe destacar que muchas de las piezas más importantes de la colección ingresaron en el Museo durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, como la ya nombrada Les Demosielles d’Avignon de Picasso, o la Ventana azul de Henri Matisse, La noche estrellada de Vincent Van Gogh y el Broadway Boogie Woogie de Piet Mondrian. Las razones de esta afluencia fueron múltiples, pero entre las principales cabe destacar la venta por los nazis del llamado arte degenerado de colecciones estatales, el poderío económico de los Estados Unidos, sobre todo de la posguerra inmediata, y la emigración de coleccionistas y artistas a los Estados Unidos y otros países huyendo de las privaciones de la contienda. Tras haber contribuido a que el público estadounidense conociera el arte europeo de vanguardia a lo largo de los años treinta, el Museo de Arte Moderno fue un puerto de acogida para obras de arte, artistas y coleccionistas victimas de la persecución nazi. Pero cuando la Segunda Guerra Mundial supuso el aislamiento de los Estados Unidos de Europa, no se paralizó el esfuerzo de las autoridades del Museo, que en tales circunstancias, se orientaron hacia el arte de la América Latina y empezaron a realizar compras en estos países. En 1943 se habían adquirido alrededor de trescientas obras que se llevaron al corazón de Nueva York.[6]

Al cumplirse en 1954 el vigésimo quinto aniversario de la fundación del Museo, esta asombrosa institución había realizado ochocientas veinte exposiciones y había adquirido por compra arriba de dos mil cuadros y esculturas modernas, sin contar su colección amplísima de grabados y dibujos. Se celebró un banquete y la publicación de un suntuoso libro, Maestros del Arte Modern, cuyos textos principales pertenecían a Alfred H. Barr Jr, director del Museo desde su creación hasta 1943. Ya en 1931 había comenzado esa importante acción con una muestra de retrospectiva de pinturas de Henri Matisse, que constituyó un verdadero acontecimiento en Nueva York. Poco después el Museo iniciaba la muy notable serie de sus publicaciones de catálogos ilustrados, que desde entonces, han llegado a formar un acervo bibliográfico imprescindible para el estudio del arte contemporáneo y de sus percusores del siglo XIX.

En 1967 una nueva cuantiosa donación acrecentó más aun las colecciones de la calle 53. Los donantes esta vez fueron Mr. Y Mrs. Sidney Janis con obras cubistas, futuristas, abstractas, y superrealistas. Mr Janis estaba vinculado con esta institución desde que, en 1939, para realizar una exposición en beneficio de los refugiados españoles de la Guerra Civil, obtuvo de Pablo Picasso el préstamo de su obra maestra el Guernica, que permaneció muchos años en el Museo hasta que fue devuelto a Madrid en 1981, al Museo Reina Sofía.[7]

Hoy en día el numero de obras que posee la institución es tal que solo la decima parte de sus tesoros puede exhibirse en sus locales, a pesar de haber sido ampliados en numerosas ocasiones. Esta limitación se ve compensada por la frecuencia con que siguen realizándose las exposiciones periódicas destinadas a mantener al público informado de todas las novedades que se producen en la escena artística. A lo largo del tiempo, el Museo ha reunido grandes colecciones con una cuantiosa variedad de piezas como pinturas, esculturas, dibujos, grabados, películas cinematográficas, muebles, utensilios y fotografías. Creó y sigue creando una colección permanente en alto grado selectiva, de obras maestras de los artistas del siglo XX y de sus predecesores del XIX.  Pero la colección experimental de nuevos hallazgos continúa, ya que desde su inauguración, el Museo siempre ha estado en  constante desarrollo. La función esencial por tanto, sigue siendo la misma que al principio: fomentar la comprensión así como el gusto por el arte moderno y continuar seleccionado entre el arte del pasado próximo y —más difícil aún— del presente en evolución.

El Edificio

El Museo de Arte moderno, que actualmente funciona en un amplio y hermoso edificio de la calle 53 de Nueva York, a pocos pasos de la elegante quinta avenida, fue creado en 1929 por iniciativa de un grupo reducido pero selecto de personas apasionadas por la pintura y la escultura de su tiempo. El edificio original ubicado en la Quinta Avenida pronto se convirtió en un habitáculo demasiado pequeño para albergar tantas obras, de modo que los arquitectos Philip Goodwin y Edward Durrel Stone fueron los primeros encargados en crear el nuevo edificio, según los cánones del estilo internacional, de la calle 53 en 1939[8]. Desde entonces, las ampliaciones no cesaron, siendo así, uno de los museos de arte actual más grandes del mundo.

1939, vísperas de la Segunda Guerra Mundial, el Museo inaugura su nuevo, amplio y funcional edificio proyectado por los nombrados arquitectos. La construcción se lleva a cabo con ingentes gastos posibilitados por una gigantesca suscripción pública que permitió reunir la cuantiosa cifra de veinticinco millones de dólares[9]. Perfectamente instalada para las necesidades más apremiantes, la institución pudo desplegar su esfuerzo en diversos campos de acción, además de atender a las exposiciones que fueron llevadas a otros puntos del país y del exterior. El Museo desarrolló los departamentos destinados a promover y documentar lo que se relaciona con arquitectura, el diseño industrial y la fotografía, y se completó con una cinemateca muy importante, una biblioteca especializada de extraordinaria riqueza y un archivo de la danza.

En 1963, el enorme desarrollo alcanzado por el Museo obligó a cerrar sus puertas por un plazo de seis meses, para proceder a una ampliación del edificio que brindaría cierto desahogo en materia de locales: un desahogo que pronto resultó insuficiente puesto que en 1967 una nueva cuantiosa donación acrecentó más aun las colecciones de la calle 53.

Muchas fueron las ampliaciones que se hicieron, hasta la más reciente, diseñada por el celebre arquitecto japonés Yoshio Taniguchi que tuvo lugar a finales de 2004. El Museum of Modern Art de New York reabrió sus puertas en su nueva “casa” en el centro de Manhattan, presentando la reinstalación de su prestigiosa colección de arte moderno y contemporáneo en un elegante edificio, con un diseño que proporciona el ambiente ideal para la manifestación del arte. La reapertura conmemoró además, el 75º aniversario del museo y anunció la culminación del proyecto de reconstrucción y renovación más grande llevado a cabo en la historia de la institución. Dicha inauguración, con espacios ampliados y un trazado nuevo, siguió adelante en esa tarea de explorar la riqueza y la complejidad de los variados fondos del Museo.

Actualmente, el renovado edificio del museo, integra la nueva construcción y la renovación del edificio existente, para ampliar y realzar la presentación de la colección permanente, así como sus exposiciones temporales. Taniguchi trabajó estrechamente con el personal del museo durante la etapa de proyecto para desarrollar una serie de galerías de exposición, de modo que los espacios del museo relatasen al visitante la historia del arte moderno y contemporáneo en un contexto nuevo y emocionante.

Este nuevo edificio de seis pisos tiene casi el doble de capacidad del edificio anterior, y abarca aproximadamente 58.527 metros cuadrados. El espacio total destinado a exposición de obras de arte ha aumentado de 7.896 a 11.612 metros cuadrados, con galerías agrupadas alrededor de un imponente atrio de 10,2 metros de altura, a través del cual se difunde la luz natural a todo el edificio. [10]

Entre las características notables del nuevo diseño, se pueden mencionar las enormes ventanas y los curtain walls[11] que permiten integrar visualmente los espacios interiores, que mezclan pizarra, cristal y acero inoxidable, con los exteriores. Taniguchi ha puesto gran empeño en adaptarse al diseño urbano y al entorno del museo, en el que lo más destacado es su fuerte estructura arquitectónica. A través de esta creación, el arquitecto ha realizado una síntesis entre las grandes fachadas del museo y el jardín, buscando el contraste con materiales como el granito negro y paneles de aluminio y cristal.

El nuevo edificio, construido con un coste de $425 millones de dólares bajo la supervisión de arquitectos responsables de la firma Kohn Pedersen Fox (KPF), posee un gran lobby de acceso, con una superficie de 1.152 metros cuadrados, que conecta las calles 53 y 54, agregando dos nuevos e importantes ingresos al museo. Para la gran entrada principal, el arquitecto se ha inspirado en las anchas calles de la zona de Manhattan, el Midtown, con un pasillo que conecta con la calle 53 y 54 de la ciudad y que ofrece una gran vista del jardín del Abby Aldrich Rockefeller. Taniguchi ha reconocido que el museo representa «nada más que Manhattan mismo», mientras que «el jardín de esculturas en el centro del MoMA representa al Central Park».[12]

Jardín de las esculturas
En la entrada de la calle 53, la nueva fachada de cristal, granito negro y paneles de aluminio diseñada por Taniguchi, se ensambla con la del edificio de estilo internacional realizado en 1939 por Philip L. Goodwin y Edward Durell Stone, meticulosamente restaurada, con la ampliación realizada en 1964 por Philip Johnson, y la ejecutada en 1984 por César Pelli quien en ese entonces ya había duplicado superficie útil de exposición del museo. Es así como la nueva fachada del museo encierra en si misma la historia arquitectónica del edificio, uniendo el presente con el pasado.

El diseño totalmente nuevo sobre la calle 54, proporciona una entrada a través de una fachada serena y uniforme. Las oficinas y demás áreas administrativas del museo, se desarrollan por encima de las salas de exposición.

El complejo educacional y de investigación Lewis B y Dorothy Cullman, que enmarca el lado este del jardín de las esculturas, se inauguraró en el 2006. Alberga también el Archivo del Museo y la Biblioteca, y el teatro Celeste Bartos.[13]

La ampliación incluyó un centro de información para los visitantes y el acceso al restaurante, teatro y tiendas. Las paredes, de casi 7 metros de altura, se erigieron como un tributo al arte contemporáneo. Asimismo, los reforzados suelos de las diferentes galerías y sus amplias dimensiones dieron la posibilidad al museo dar cabida a obras de mayor tamaño. En la segunda planta actualmente se ubican las salas de arte contemporáneo, instalaciones audiovisuales, grabados y libros, además de cafetería, sala de lectura y un atrio. En la tercera se encuentran las galerías de diseño, arquitectura, dibujos y fotografía. La zona para exposiciones temporales se reparte entre la tercera y la sexta. En la cuarta se encuentra la pintura y la escultura, y unas escaleras dan acceso a la quinta planta, donde también se puede disfrutar de más pinturas y esculturas, además de una cafetería y una terraza.



Glenn D Lowry, director del MoMA, declaró para su inauguración que “nos emociona haber llegado a culminar con satisfacción este proyecto, teniendo en cuenta el esfuerzo que ha significado. Invitamos al público a que goce de los espacios que ha diseñado Yoshio Taniguchi, para redescubrir nuestra colección y para ver instalaciones y exposiciones de una manera que llamará la atención y generará nuevas sensaciones.” [14]
Fue muy aplaudida la gran apuesta del MoMA, pero también hubo críticas como la del «The New York Times» que puso en tela de juicio el modelo seguido por esta institución, basado en grandes exposiciones temporales, y advirtió que podía caer en el populismo tipo museo Guggenheim.[15]

Igualmente, el Museo fue y sigue siendo un destacado icono cultural de Nueva York y un foco de atracción para los turistas provenientes de todo el mundo. Michael Bloomberg, alcalde de la ciudad, con motivo de su estrenó afirmo que “'la inversión que está haciendo la ciudad en este histórico proyecto demuestra el pensamiento visionario, del cual todos los neoyorquinos pueden estar orgullosos Las instituciones culturales sin fines de lucro son la espina dorsal del turismo, lo cual es una de las razones por las que pudimos reactivar nuestra economía El nuevo MoMA atraerá cientos de millones de visitantes a nuestra ciudad cada año, y continuará siendo un polo de placer e inspiración para artistas y amantes del arte, que son la vena creativa de la ciudad de New York.”[16] Es innegable que El Museo ha tenido una gravitación decisiva en la transformación de Nueva York, convirtiéndola en uno de los principales de actividad artística mundial.




En esta imagen vemos la distribución por plantas de los diferentes espacios del museo, extraída de la Guía-mapa del Museo.

El montaje museográfico

Después de que el Museo abriera sus puertas en 1929, las ideas y las personalidades de muchos que se asociaron a sus comienzos son Abby Aldrich Rockefeller, patrono fundador, Alfred H. Barr, Jr., primer director; Phillip Johnson, que creó el departamento de arquitectura y diseño y Dorothy C. Miller, uno de los primeros conservadores. Figuras fascinantes cuya visión y empuje dieron vida a una institución que fue el primer museo de su clase en el mundo y no tardó en ser el principal.

Se inauguró modestamente en noviembre de 1929 en un reducido local de un antiguo edificio de la Quinta Avenida que mas tarde fue transformado a raíz de la construcción de una sede definitiva. Para dirigirlo, uno de los fundadores, Paul J. Sachs, había propuesto a un joven de 27 años de edad, Alfred H. Barr Jr., cuyo largo desempeño en tales funciones y cuya obra personal de crítico e historiador son dignos de profunda admiración.[17]

Cuando fue concebido el Museo de Arte Moderno, la primera idea del pequeño grupo de humanistas que lo organizó, era la de ofrecer al público americano muestras de primera calidad de la pintura y de la escultura, desde los tiempos de Cézanne. Piezas trascendentales, no solo mal entendidas y poco apreciadas por el público en general, sino casi ausentes de los principales museos del país. Así pues el manifiesto que acompaño al bautismo de este museo-niño era una declaración de sus propósitos mediáticos y de sus fines últimos: “celebrar, en los dos próximos años, una serie  de exposiciones, que incluirá la representación mas completa posible de los grandes maestros modernos” y “abrir al publico un museo permanente, que adquirirá colecciones de las mejores obras de arte moderno”. Las directrices señaladas por los autores de este sencillo manifiesto preveían también la posibilidad de dar cabida a todas las artes plásticas.[18]

Los aportes privados con que debía contar el Museo y que, en el curso del tiempo, han llegado a ser considerables, se vieron muy restringidos en los primeros años como consecuencia de la crisis mundial que precisamente en 1929 empezó a causar estragos en los Estados Unidos como en el resto del mundo. En 1932 la colección de obras de propiedad del Museo ascendía apenas a dieciséis piezas: seis cuadros, ocho esculturas y dos dibujos. En cambio la institución mantenía interesado y despierto a su público, cada día más numeroso, mediante la organización de exposiciones periódicas de arte moderno, preparadas con un sentido orgánico sobre la base de préstamos de cuadros y objetos artísticos pertenecientes a otros museos o coleccionistas.

El arte moderno nació como un gran experimento y sigue siéndolo. Buena parte de los primeros esfuerzos del Museo se encaminaron a intentar deducir un orden de la naturaleza aparentemente confusa y a veces desconcertante de este arte. Por un lado ayudaron a explicar las complicadas relaciones existentes entre distintos movimientos y contra movimientos (el cubismo, el supremísimo, el dada, el arte conceptual, el minimalismo, por citar solo algunos) también sin pretenderlo tendieron a simplificar y reconciliar ideas enfrentadas e incompatibles. De todos modos, el paso del tiempo supuso que se convirtiera una constante que el espacio relativamente limitado de las salas y su configuración lineal, con el agravante de un fuerte crecimiento, condujeran a un inevitablemente enfoque reduccionista.

Al trasladarse al nuevo edificio de la calle 53 en 1939,  el alcance y categoría del Museo se fue ampliando, y se hizo inevitable imponer nuevas normas, no sólo para sí mismo, sino también para el público y para los museos del mundo entero. Se organizaban, una tras otra, exposiciones pioneras y fueron creándose departamentos para todas las demás artes plásticas: arquitectura, diseño, cine, fotografía, grabado y dibujo. Al mismo tiempo fue enriqueciéndose la documentación de la biblioteca, se desarrollaron exposiciones rotativas dentro de un programa internacional y el número de miembros se amplió  gracias también a la participación y apoyo de personas extrañas a la ciudad de Nueva York. Finalmente todo esto le valió una posición de líder en el campo de las modernas artes plásticas.[19]

La preocupación del Museo por la función del arte en la sociedad se expresó en el estatuto de su fundación en 1929 “con el fin de estimular y desarrollar el estudio de las artes modernas y la aplicación de tales artes a la industria y a la vida practica”. Algunos años después se definieron aun mas sus propósitos de una declaración, según cual la primera finalidad del Museo era la de ayudar a los hombres a disfrutar, entender y usar las artes plásticas de su tiempo. Esta finalidad de orientar al público hacia las posibilidades estéticas que ofrece la vida moderna acabó consolidándose con la creación del departamento Centro de Estudio Intenacional Lillie P. Bliss.

A esta altura de su evolución, en 1943, el Museo poseía obras que además de mostrar los niveles alcanzados por las artes americanas, eran representativas de las mas variadas tendencias artísticas contemporáneas, desde el regionalismo norteamericano, el simbolismo y el sintetismo, hasta el neo-romanticismo y el superrealismo, pasando por el fauvismo, el expresionismo, el cubismo, el futurismo, el neoplasticismo y otras de las muchas orientaciones que vieron la luz en los cinco primeros decenios del siglo XX. Tratase pues de una colección que como ninguna otra, permitió historiar el desarrollo del arte moderno y que hasta nuestros días ha seguido acopiando testimonios de todas las novedades que produce el mundo.

En 1953 los dirigentes del Museo modificando un tanto los conceptos que anteriormente habían animado su acción, resolvieron que el patrimonio artístico de la institución debía repartirse en dos colecciones, una experimental y otra permanente. Esta ultima debía ser el repositorio de aquella parte del tesoro museológico constituida por “obras maestras” indiscutidas, cuya conservación fue considerada imprescindible. En la colección experimental en cambio, habían de figurar todas aquellas piezas que no contaban con una consagración definitiva, lo que no impedía que en el futuro, esta segunda parte de lo que poseía el Museo alimentase con cierto número de obras la colección permanente. [20]

La idea misma de museo de arte moderno suponía una institución que este siempre dispuesta a correr riesgos y sostener controversias. El Museo afrontó el desafío de reinventarse periódicamente y de trazar espacios nuevos. Con frecuencia estos riesgos originaron agudas divisiones dentro y fuera de él, como la importancia del arte abstracto, la representación debida de las vanguardias alternativas dentro de la colección y si el Museo debería seguir coleccionado arte contemporáneo. Más que resolver esta clase de divisiones la institución tuvo la fortaleza de convivir con ellas. Mantener al Museo abierto a nuevas ideas y posibilidades también significaba revaluar y modificar su percepción de su pasado. El Museo aspiró a explorar y explicar mediante sus exposiciones pioneras, a menudo basadas en la colección permanente, mediante su programa internacional, que contribuyó a promover el arte moderno en todo el mundo sus adquisiciones, publicaciones y programas públicos.

Dentro de su configuración actual de seis departamentos con actividad coleccionista, el Museo ha reunido un caudal de obras de arte que abarca un periodo de mas de ciento cincuenta años. Esos departamentos reflejan el interés del Museo por examinar las diversas maneras en que las ideas y los ideales modernos se han manifestado a través de las diferentes disciplinas. Respecto a las decisiones de compra venta, estas corresponden al director y los jefes de departamento. Cada departamento cuenta además con un comité ejecutivo que esta facultado por el Patronato para representarlo en los procesos de adquisición. El resultado refleja el despliegue histórico del Museo que se construye y se altera por obra de los gustos y las ideas particulares de cada uno de los directores y jefes de departamento y de las respuestas que esos gustos y esas ideas engendran en sus sucesores, al tiempo que se van llenando lagunas y corrigiendo excesos.

En los últimos tiempos, se han organizado por diferentes departamentos sus salas, traducido muchas veces en una lectura del arte moderno un tanto estática, con un conjunto claramente definido de recorridos materiales y conceptuales a través de la colección. A partir de la total restructuración llevada a cabo en 2004, se ha ido tomando mayor conciencia de la importancia del enfoque interdisciplinario en la presentación de las piezas. La división de las salas en espacios discretos por departamentos se equilibró con una lectura mas sintética y abarcadora que más que simplificar complicaba las relaciones entre las obras de arte. Y es que hayamos llegado a aceptar los logros de Picasso y Matisse, Mondrian y Jackson Pollock, no significa necesariamente que su obra sea bien comprendida ni que la aceptación sea universal. Para el Museo eso significaba que su colección tenía que ser un laboratorio donde el público pudiese explorar la relación del arte contemporáneo con el arte del pasado inmediato, en un esfuerzo permanente por seguir definiendo el arte moderno. Al ubicar objetos y personas en el tiempo además del espacio, el Museo esta constantemente trazando relaciones entre las obras de arte y sus contempladores, y su espacio se convierte en un marco donde se pueden desarrollar y realizar muchas historias individuales.

El montaje actual se ordena a través de sus seis plantas que incluyen mostradores de información en cada planta para guiar al visitante. Si se empieza por el piso superior el recorrido es cronológico, por lo que es más recomendable.

Desde la planta superior, la seis, se puede observar de las vistas del Midtown de Manhattan gracias a sus amplios ventanales. Aquí se ubica una tienda y un espacio para exposiciones especiales.

El Piso cinco podía catalogarse como los orígenes del arte contemporáneo y los artistas ya consagrados por la historia del arte. Pinturas y esculturas de entre 1880 hasta 1940. Abundan obras de Paul Cezanne, Vincent Van Gogh, Henri Matisse, Salvador Dalí, Joan Miró, Piet Mondrian, Andy Warhol, Frida Kahlo, Claude Monet y Marcel Duchamp. Este museo tiene entre su colección una obra medular del arte contemporáneo como lo es Las Señoritas de Avignon (1906) de Pablo Picasso, así como La persistencia de la Memoria de Salvador Dalí. Recordemos que si bien de origen hispano, estos artistas son catapultados a la fama mundial por la sociedad neoyorquina que los adoraba. En este piso encontramos también un restaurante cafetería con vistas al jardín de las esculturas.

El cuarto piso esta dedicado a los artistas norteamericanos, y pintura y escultura de entre 1940 y 1980. La colección de Jackson Pollock, referencia del expresionismo abstracto norteamericano, es amplísima. Otra galería imperdible es la de Edward Hopper. Las pinturas de este neoyorquino más tarde inspirarían a Alfred Hitchcock, quien tomó prestada su mirada para algunos de sus encuadres más icónicos, como el contrapicado a la casa de Norman Bates. Andy Warhol también es una de las figuras más destacadas del Museo.

En el tercer piso encontramos las salas dedicadas al diseño, arquitectura, fotografía y dibujo. Por ejemplo, existe una sala dedicada a la fuente Helvética como objeto de diseño, y otra con teléfonos de disco, televisores de los sesenta, sillas, muebles, y muchas otras  piezas de uso cotidiano consideradas clásicos del diseño. Además se incluye otro espacio para exposiciones temporales.

El segundo piso está dedicado a salas de libros ilustrados e impresos, así como a su colección de filmes, en donde además tienen las salas donde proyectan ciclos de cine en permanente rotación. Aquí también hay un restaurante donde el visitante puede reponer fuerzas, con comida italiana. Hay espacios interactivos para todas las edades también en este piso. También encontramos en esta planta un espacio para arte contemporáneo de 1980 hasta el presente, El Marron Atrium y otro espacio de exposiciones especiales y una pequeña tienda.

Entrada a la Exposición de Tim Burton
En la primera planta esta el gigantesco vestíbulo y el acceso al jardín de las esculturas diseñado por Philip Johnson en los cincuenta, un oasis en medio de la ciudad. Hay un restaurante llamado The Modern que incluye zona de bar, y una tienda, la más grande del museo. También hay un centro de Educación.

Hay dos pisos en los sótanos, con un total de tres salas de cines y una galería también dedicada al cine. A parte de la presencia de aulas, y de zonas restringida para oficinas, centros de investigación y diversos usos del museo, es en estos sótanos donde se puede acudir a sesiones cinematográficas esporádicas.

Las audio guías en varios idiomas complementan la visita del publico, que además se pueden dirigir a estaciones digitales repartidas por todo el Museo para informarse sobre las exposiciones, la colección, las películas, los programas y el edificio. Existe incluso una aplicación para móviles en las que se da acceso inmediato a obras de la colección, al programa del Museo y el calendario de eventos, biografías de artista y muchos otros servicios. Cabe nombrar que recientemente el Museo ha puesto a disposición de sus visitantes un sitio Web que permite planificar las visitas a sus colecciones a partir de tu perfil en la red social Facebook. La aplicación conecta con tu cuenta en Facebook y, en función de tus intereses, selecciona las exposiciones que más se adaptan a tu perfil. El resultado se muestra en una ficha que posteriormente se puede compartir mediante Twitter o Facebook, algo totalmente adaptado a las funciones de las redes sociales y a la fuerte influencia que tienen en la actualidad.[21]

Por otro lado, también se ofrecen diariamente charlas u conferencias en el Marron Atrium, tratando diferentes y variados temas. La entrada al Museo no es gratuita pero ofrece descuentos para niños, jubilados y estudiantes. También permite hacerse miembro de la institución que permite el acceso libre y diferentes ventajas. Los viernes por la tarde la entrada es gratuita y los martes esta cerrado, a diferencia del resto de museos de la ciudad que cierra los Lunes.

Collage de las obras emblemáticas del MoMA

[1] VV.AA. Diccionario del Arte del siglo XX, Madrid: Complutense, 2001
[2] Traducción: Un nuevo museo de arte.
[3] MARTINEZ, MUÑOZ, Amalia. De la pincelada de Monet al gesto de Pollock: Arte del siglo XXI. Valencia: Universidad Politécnica de Valencia, 2000
[4] LOWRY, Glen D. “Introduction”, MoMA Highlights, New York: The Museum of Modern Art, 1999 (2004), pag. 16-21
[5] LOWRY, Bates y E.PAYRO, Julio. Museo de Arte Moderno de Nueva York. Colección El Mundo de los Museos, Madrid: Editorial Codex, 1997
[6] LORENTE, J. Pedro. Los Museos de Arte Contemporáneo: Noción y Desarrollo Histórico. Gijón: Ediciones Trea, 2008
[7] RACHLIN, Harvey. Tras las obras maestras. Teia: Ma Non Troppo, 2008
[8] VV.AA., Diccionario Akal de la arquitectura del siglo XX. Madrid: Akal, 2004
[9] LOWRY, Bates y E.PAYRO, Julio. Museo de Arte Moderno de Nueva York. Colección El Mundo de los Museos, Madrid: Editorial Codex, 1997
[10] RILEY, Terenci. Yoshio Taniguchi: Nine Museums. New York: Museum of Modern Art, 2004.
[11] Traducción: Muro Cortina. Sistema de fachada que no carga con ningún peso muerto de la construcción que no sea el propio.
[12] http://www.moma.org/about/
[13] HERRERA, Laura, “La Reapertura del Museum of Modern Art de New York.” Todo arquitectura, Noviembre 2004
[14] LOWRY, Glen D. “Introduction”, MoMA Highlights, New York: The Museum of Modern Art, 1999 (2004), pag. 16-21
[15] BOXER, Sarah. “The Modern's Cool New Box: Displaying Art, Not Fighting It”, New York Times, Mayo 2004
[16] BOXER, Sarah. “The Modern's Cool New Box: Displaying Art, Not Fighting It”, New York Times, Mayo 2004
[17] LOWRY, Glen D. “Introduction”, MoMA Highlights, New York: The Museum of Modern Art, 1999 (2004), pag. 16-21
[18] LOWRY, Bates y E.PAYRO, Julio. Museo de Arte Moderno de Nueva York. Colección El Mundo de los Museos, Madrid: Editorial Codex, 1997
[19] VV.AA., Arte desde 1900, Madrid: Akal, 2006. Pág. 221
[20] LOWRY, Bates y E.PAYRO, Julio. Museo de Arte Moderno de Nueva York. Colección El Mundo de los Museos, Madrid: Editorial Codex, 1997
[21] http://www.facebook.com/MuseumofModernArt


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