miércoles, 9 de diciembre de 2015

Palacio de la Industria de la Exposición de Barcelona de 1888


Historia y contextualización del edificio

Las exposiciones de productos industriales, como expresión del dinamismo comercial e industrial propio de la ciudad, gozaban en Barcelona de una considerable tradición desde principios de siglo. En las discusiones previas al proyecto del Eixample, la idea de construir un palacio de exposiciones para productos industriales y artísticos estaba presente en multitud de propuestas para la ciudad. Años más tarde, el proyecto del Gran Parque en los terrenos de la Ciudadela incluía, como elemento central, un Palacio de Exposiciones para exponer obras de arte, maquinaria, objetos industriales y productos agrícolas.[1]

Serrano de Casanova había depositado esperanzas en la construcción de un palacio permanente para exponer los productos de la región y el Palacio de la Industria fue el escogido para representar las técnicas modernas y los métodos de producción con los cuales Barcelona esperaba identificarse a través de la Exposición de Barcelona de 1888

Por tanto, formaba parte del plano primitivo, pero en el momento que el Ayuntamiento de Barcelona se hizo cargo de la Exposición, el Palacio de la Industria estaba aún a medio hacer; le faltaba la nave central, las fachadas y el tratamiento interior. No había además ningún proyecto definido del edificio a  partir del cual se pudieran retomar las obras. La finalización del Palacio requirió, por tanto, la realización de un proyecto global del edificio que, basándose en la inevitable obra hecha, le otorgase un aspecto y unos acabados dignos, ya que la obra ligera de madera realizada por el equipo de Serrano, debía de ser especialmente decepcionante.

Como es comprensible, teniendo en cuenta las restricciones de tiempo, la arquitectura de la muestra era en general mediocre. La mayoría de estructuras eran temporales y estaban decoradas de una manera sencilla que recordaba vagamente el elemento exótico o histórico que caracterizaba el eclecticismo estilístico imperante en ese momento dentro de los círculos  artísticos barceloneses. Es por eso que la nave central del edificio, pretendía compensar dentro de lo posible la pobreza del resto. La nave central, además, tenía que ser un edificio permanente una vez se suprimieran las alas laterales al acabarse la Exposición según nos explica Elias Rogent en la “memória de l’Exposició”.[2] Por otro lado, esta misma nave central, contenía en su interior un espacio único de gran alzada, el cual se destinaba a la muestra de objetos presentados por el Gobierno Español y producciones y colecciones de los diferentes ministerios, especialmente el Ministerio de la Guerra, objetos de la Casa Real, etc.

Según el diario el Avenç, en un artículo recogido en el libro del centenario de la Exposición Universal de Barcelona[3], la voluntad de representar a todos los países concurrentes dentro del Palacio de la Industria, con el fin de crear la ilusión de un certamen doblemente universal, es decir, por la variedad de productos y por la pluralidad de naciones, llevó a instalar objetos que, en virtud de la lógica temática, hubieran debido estar en otros locales. El artículo afirma que críticos de la Exposición, como por ejemplo Fontanals, coincidieron en observar la irregular distribución espacial de los productos por falta de una ordenación global de las naves. Pero al margen de estos graves problemas de organización, también criticaron el contenido, tachándolo como deficiente, tanto por el desequilibrio de las representaciones territoriales como por la falta de representatividad de los productos exhibidos. Alegaron, por ejemplo, como Francia, que era el país extranjero con una participación cuantitativamente más importante, mostró sobre todo objetos suntuarios, que aunque alcanzaron un gran éxito entre los burgueses catalanes, junto a los juguetes mecánicos, no amplió su oferta, olvidando exponer ejemplares de otras ramas de la producción.

El artículo, además, incluye una descripción interior de como estaban repartidas las secciones del Palacio de la Industria, en un total de veinticinco naves. A continuación la descripción:

“(…) siete están ocupadas por expositores de Barcelona, Tarragona y Sabadell, con un total de 9800 m2. La provincia de Gerona ocupa aproximadamente 1000 m2. El resto de representaciones locales comprende unos 3000 m2. Además, el Gobierno de España tiene reservada la galería principal de 4000 m2, donde los objetos se presentan clasificados por ministerios. Francia y sus colonias ocupan 6600 m2 y Austria-Hungría 3000 m2. (…) También expone Alemania, con un especial lucimiento de la industria tipográfica. Los espacios reservados para Gran Bretaña, Estados Unidos y Rusia quedan sólo a medio llenar por objetos que no permiten hacerse una idea de su riqueza y Bélgica, con sus 520 m2 de exhibición, se puede añadir a la lista de países relativamente bien representados. Los imperios chino, japonés y turco, las repúblicas americanas de Ecuador, Bolivia, Honduras y Argentina, y los europeos Suiza, Suecia, Noruega, Holanda, Portugal y Dinamarca tienen una presencia casi simbólica. (…) El porticado semicircular de la fachada, que denominaron Galería del Trabajo, y esta dedicado a artesanos que trabajaban a la vista del público.”

Por último, cabe mencionar que, cuando la Reina Regente María Cristina, inauguró oficialmente la Exposición Universal de Barcelona, el 22 de Mayo de 1888, acompañada por el saludo de 432 cañonazos de la flota internacional de barcos amarrados en el puerto[4], el hecho señalaba para la ciudad la culminación de un año de fervientes preparaciones. Esta feria mundial anunciaba simbólicamente la entrada de la industria y comercio catalanes en el escenario europeo, y anunciaba también el comienzo de un movimiento arquitectónico que Puig i Cadafalch bautizaría como “nueva escuela catalana”, una nueva escuela de arquitectura catalana que quería fusionar las formas y técnicas de una noble tradición de construcción regional con las ventajas de la tecnología moderna.


Estética exterior e interior

El Palacio de la Industria se proyectaba como el edificio principal de la exposición, adoptando una forma de abanico y de gigantescas proporciones, ya que ocupaba 70.000 metros cuadrados. Elies Rogent fue uno de los supervisores del proyecto, pero el diseño arquitectónico se le atribuye a Jaume Gustá i Bondia. Las obras, por otro lado, fueron a cargo de Alexandre Solé.[5]

Lo formaban unas galerías concéntricas dividas por trece naves rectangulares que constituían las varillas de un abanico gigante. La estructura era de madera, aunque la idea inicial era hacerlo de hierro, pero elevaba demasiado el presupuesto a pesar de que se pensaba usar el hierro procedente de las exposiciones de Amsterdam y Liverpool.

Ya sea por la disposición semicircular del espacio concedido a Serrano o tal ver por una opción deliberada, el edificio del Palacio de la Industria, remitía en cierta manera a la planta del gran palacio de la Exposición parisina de 1867, que establecía las posibilidades de visitar el certamen atendiendo la similitud de los productos, desplegados en el sentido de las circunferencias concéntricas, o a la unidad de los países, dispuestos radialmente. Una de las diferencias presentes era que en el modelo parisino, los círculos eran completos, alrededor del patio central, mientras que en Barcelona solo se construyó un semicírculo y el patio se convirtió en el segmento central, cóncavo, con una fachada que en Paris no existía. Otra diferencia notable a este modelo parisino fue la orientación de las naves construidas radialmente detrás del porticado semicircular de la fachada, mientras que en Paris se hizo de forma concéntrica, lo que dificultó el aprovechamiento posterior de los elementos férreos especialmente fabricados en función de aquella forma curvada. Teniendo en cuenta la orientación diversa de las naves, en Paris la diferencia de altura de estas, subrayaba la importancia de un tipo de producto, las grandes máquinas. Mientras que en Barcelona, se enaltecía un país, la misma España, identificada además con su gobierno en una galería central que dominaba toda la composición.

Volviendo a la nave central, esta tenía 132x140 y 28 metros de alto, las otras doce eran de 120 x21 y 19  metros de alto. Pero esta estructura semicircular dio lugar a doce naves más en forma de triángulos isósceles como ya se ha comentado.

El tratamiento exterior de la nave central estaba claramente inspirado con el cuerpo central de la Universidad de Barcelona del mismísimo Elies Rogent. Como en el edificio universitario, la nave central exhibía claramente en las fachadas frontal y posterior, el piñón determinado por la cubierta a dos aguas. Estas fachadas recibían un tratamiento similar: un pórtico sobresaliendo en la planta baja, una hilera de cinco ventanas a la alzada de la planta noble y un medallón en relieve colocado bajo el vórtice del piñón.[6]

Como último esfuerzo de embellecimiento del edificio y ya hacia el final de las obras de la Exposición, Rogent decidió dotar al Palacio de cuatro torres situadas en las esquinas de las naves extremas de cada una de las alas, de 48 metros de alzada, coronadas por grandes focos eléctricos, con el fin de intentar romper con unos elementos verticales la horizontalidad y pesadez del conjunto del edificio. Estas torres estaban claramente inspiradas en las torres del Palacio del Trocadero de París, un edificio de tendencia ecléctica, de inspiración árabe y bizantina. Las torres del Palacio de la Industria reproducían fundamentalmente los cuerpos bajo e intermedio y se excluía el acabamiento superior. La falta de tiempo y de dinero hizo que se tuviesen que acabar con mucha menos alzada de la que se había previsto, desnaturalizándose de su similitud al modelo de referencia y dando como resultado según Josep María Garrut, en su libro “L'Exposició Universal de Barcelona de 1888”, unas construcciones cortas de talla, macizas y sin gracia[7].

Si la disposición era similar a la de la fachada de la Universidad, los elementos usados eran prácticamente los mismos: arcos de medio punto, arquivoltas destacadas, bastante separadas del arco y unidas entre ellas, cornisa muy prominente soportada por ménsulas, tratamiento muy tenso del paramento, etc. Eran, en definitiva, elementos “rundbogenstil”, el estilo alemán con que se formalizó la Universidad y al cual Rogent se mantuvo fiel toda la vida.

Por lo que se refiere al resto del Palacio, se procedió a realizarle las fachadas que daban hacia la plaça de l’Univers, mediante galerías y columnatas.  Las fachadas exteriores más visibles, y de manera particular, las fachadas de la nave central, iban acabadas con estucados imitando la obra de sillares de piedra.

En el interior, la comunicación se hacía a través de las galerías interiores, también concéntricas y los productos de cada nave correspondían a naciones diferentes. El yeso se usaba abundantemente para intentar esconder la estructura de madera de las naves laterales y en la parte superior de éstas se hacían servir ampliamente velas, estandartes y banderas, tanto para controlar la luz de las claraboyas como para distraer la atención de unos acabados mediocres y la pobreza de los materiales.

La pintura interior era conspicua nos dice Josep María Garrut, realizada a copia de colores contrastados, gris y amarillo, rojo, dorado, negro, etc… siguiendo consciente o inconscientemente aquello prescrito por Owen Jones en “Grammar of Ornament”.[8]


Conclusiones

Al tratarse de un edificio desaparecido, la búsqueda de información ha sido bastante dificultosa. En la biblioteca de la facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona se pudo hacer un acercamiento a algunas fuentes, pero no fue hasta visitar el archivo de la ciudad de Barcelona cuando mediante crónicas del pasado y algunos libros, empecé a hacer un esbozo de lo que fue el Palacio de la Industria en relación a la Exposición Universal de Barcelona del 1888, y su gran relevancia.

No pude conseguir descubrir porque fue desmantelado desde sus cimientos a pesar de encontrar un artículo que hablaba precisamente del desmantelamiento del Palacio, ya que en un principio se construyó con la idea de conservar la nave central y eje principal de todo el edificio.

Me ha llamado la atención que el verdadero trabajo de la exposición se realizara en cosa de un año a pesar incluso de las huelgas de trabajadores de la construcción que tuvieron lugar. También el hecho de que en su momento muchos apostaran por el fracaso, y la sorpresa final de haber conseguido un éxito que serviría de precedente para la posterior exposición que tuvo lugar en 1929.

Gracias a las fotos y los gravados con los que he estado en contacto, me he podido hacer una ligera idea del impacto visual que suponía dicho Palacio, con su enorme galería exterior con columnatas simétricas en fila, ceñidas a un hemiciclo y extendiéndose por las alas laterales, produciendo indiscutiblemente una sensación de elegancia y grandiosidad.

Como última curiosidad, tras comparar la obra mas famosa de Elies Rogent, la Universidad de Barcelona, tan próxima a nosotros, las similitudes me han hecho compartir la opinión que sale en el articulo de Isidre Molas, dentro de “Homenatge a Barcelona: la ciutat i les seves arts, 1888-1936: Palau de la Virreina, Barcelona, 21 de gener-29 de març del 1987”[9], de que todo y ser Gustà i Bondía el responsable del Palacio de la Industria, indudablemente, Elies Rogent asumió como una tarea propia dignificar y dar forma al desnudo, pobre y elemental edificio que debió dejar Serrano Casanova.

[1] SÁNCHEZ, Alejandro: Barcelona, 1888-1929: modernidad, ambición y conflictos de una ciudad soñada. Madrid: Alianza, 1994
[2] HEREU I PAYET, P.: Arquitectura i ciutat a l’Exposició Universal de Barcelona 1888. Barcelona: Edicions UPC, 1988
[3] D.D.A.A.: Exposició Universal de Barcelona. Llibre del Centenari. Barcelona L’Avenç, 1988
[4] D.D.A.A. Homenatge a Barcelona: la ciutat i les seves arts, 1888-1936: Palau de la Virreina, Barcelona, 21 de gener-29 de març del 1987. Barcelona: Ajuntament de Barcelona. Publicacions DL, 1986
[5] GARRUT, Josep María. L'Exposició Universal de Barcelona de 1888. Barcelona: 1976 Ajuntament de Barcelona, Delegació de Cultura.
[6] FREIXA, Mireia. Elies Rogent i la construcció del Paranimf de la Universitat de Barcelona.
[7]   GARRUT, Josep María. L'Exposició Universal de Barcelona de 1888. Barcelona: 1976 Ajuntament de Barcelona, Delegació de Cultura.
[8] Owen Jones  fue un arquitecto, artista decorativo, escritor y educador británico. A través de sus esfuerzos por publicar sus conclusiones sobre el uso histórico del color en la decoración, también se convirtió en uno de los pioneros de la cromolitografía. La Gramática del Ornamento, escrito por Jones y publicado por primera vez en 1856, se convirtió en una herramienta importante de la época para el aprendizaje de los diseñadores de artes decorativas, mediante el estudio de las culturas de las tierras donde había viajado Jones o que había estudiado; el libro destacaba por las ilustraciones de ornamento chino, farsi, hindú, árabe y de otras culturas, reproducidas con el recién desarrollado proceso de cromolitografía.
NAVARRO DE ZUVILLAGA. Forma y representación. Un análisis Geométrico. Madrid: 1998, Editorial Akal.
[9] D.D.A.A. Homenatge a Barcelona: la ciutat i les seves arts, 1888-1936: Palau de la Virreina, Barcelona, 21 de gener-29 de març del 1987. Barcelona: Ajuntament de Barcelona. Publicacions DL, 1986

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