domingo, 13 de diciembre de 2015

¿Goya quiso ridiculizar a la familia de Carlos IV?


La familia de Carlos IV es un retrato familiar hecho por Goya en 1800. La obra presenta varios miembros de la familia real organizados en tres grupos, en lo que parece ser una habitación. En el centro de la composición encontramos a la reina María Luisa, que aparece cogiendo la mano al infante Francisco de Paula, que a su vez toca la mano de su padre, el rey Carlos IV. La reina abraza también amorosamente a la infanta María Isabel pasando su brazo maternalmente sobre sus hombros.
El rey no aparece en primer plano, esta como desplazado y detrás suyo aparece su hermano Antonio Pascual, la infanta María Amalia y los duques de Parma con su hijo Carlos Luis en los brazos.
A la izquierda de la infanta se sitúan el príncipe de Asturias, el futuro rey Fernando VII, sujetado por la espalda por el infante don Carlos María Isidro, María Josefa y el propio Goya. También tenemos a la mujer enigmática a la cual no vemos el rostro. Se trata de la futura infanta, mujer del futuro rey.

Los personajes, en actitudes algo rígidas, se disponen clásicamente en distintos planos paralelos como actores en el desarrollo de una pieza teatral. Cada uno parece desempeñar un papel distinto. Pero la vista del espectador se dirige primero hacia la Reina que ocupa el centro del cuadro y después hacia Carlos IV con sus aires bonachones.

Gracias a las cartas de la reina María Luisa de Parma a Manuel Godoy conocemos paso a paso la concepción del cuadro. Goya recibió el encargo de pintarlo cuando la Familia Real pasaba una temporada en el Palacio Real de Aranjuez y durante cuatro viajes realizó los bocetos, retratos individualizados a fin de evitar a sus modelos la incomodidad de posar mucho tiempo, entre mayo y julio de 1800. El 23 de ese mes presentó la minuta por los diez retratos, de los que se conservan cinco en el Museo del Prado. No obstante, La familia de Carlos IV o también conocida como Todos Juntos se realizó ya en Madrid.

En 1786 Goya es nombrado pintor del rey con Carlos III. Tras la muerte del monarca y la subida al trono de su hijo Carlos IV, será nombrado pintor de cámara del rey en 1789. Finalmente en 1799 es nombrado primer pintor de cámara, lo que supondrá no solo su ascenso social, sino también su nivel de vida. Y asimismo comportará que se le encargue la realización de retratos de la familia real.

Es reconocido que Goya se declaraba a Velázquez, Rembrandt y la naturaleza como sus tres únicos maestros. Por eso motivo podemos identificar ciertas características de La familia de Carlos IV comunes con Las Meninas de Velázquez. Para empezar se nos muestra a los personajes de pie, dispuestos en forma de friso, vestidos con lujosos ropajes de seda y con abundantes joyas y condecoraciones. También la presencia de dos cuadros en la pared del fondo y el hecho de que Goya se autorretrate detrás del lienzo que pinta, en su papel de creador al servicio de los reyes.
Pero Goya se distancia de la obra maestra de Velázquez por la escasa profundidad y por la ausencia de un juego de luces comparable al que imaginó el sevillano para Las Meninas. Aun así hay que resaltar la clara voluntad de innovar para conseguir respeto, en este caso gracias al aspecto informal y desordenado de la obra. Algunos autores creen que hay una cierta influencia neoclásica como la ordenación vertical o la falta de movimiento, aunque la gran riqueza cromática de las figuras, se aleja de lo que se estaba haciendo en ese momento en España.
Se trata de un retrato, genero muy explotado por Goya debido a los numerosos encargos de su exigente clientela de alta posición social. Goya no se limitó a reflejar los rasgos físicos, sino que como Rembrandt, intentó traspasarlos y llegar a reflejar los rasgos anímicos y de personalidad, mucho más perceptibles en los esbozos, caracterizándolo de este modo como un artista profundamente original.

A Goya le tocó vivir en un momento histórico decisivo en la historia de España, la Guerra de la Independencia, ante en la que en ninguna ocasión adoptó una postura de indiferencia; al contrario, muchos le tacharon de afrancesado ante una presunta inclinación por las ideas liberales y, sobre todo, por el descarnado naturalismo con el que retrató a la familia de Carlos IV ocho años antes. Sin embargo, Goya era un gran patriota, como así lo demuestran los dos cuadros dedicados a los sucesos de mayo de 1808, partidario de las ideas que tomarían cuerpo en la Constitución de Cádiz de 1812 opuestas al absolutismo del Antiguo Régimen.

La familia de Carlos IV, hoy en día ha perdido el significado que duraba como reflejo de un Goya antimonárquico y liberal a la ultranza. Los últimos estudios realizados coincidiendo con la limpieza del cuadro confirman que ni la crítica ni la sátira guiaron al pintor.
Es cierto que Goya buscaba siempre el parecido físico y que quizás dejo transparentar sus simpatías y antipatías personales por los diferentes miembros de esta familia, pudiendo percibirse sobre todo en los rostros de María Luisa de quien destaca su fealdad y una actitud quizás libertina y algo soberbia, o el del Príncipe Fernando, el futuro rey que abolirá las reformas progresistas, hacia quien se dice sentía cierto rechazo. Pero esta obra no deja de ser un instrumento de propaganda política en un momento en que los reyes de Francia acababan de ser decapitados y donde se cuestionaba la legitimidad de los Borbones para ocupar el trono de los Austrias, la continuidad de la dinastía y de la monarquía.
Por ejemplo, la limpieza a permitido identificar uno de los cuadros del fondo, que durante mas de cien años se ha identificado como la representación de “Lot emborrachado por sus hijas”, uno de los principales argumentos en los que se sostenía la hipótesis de sátira hacia los desmanes sentimentales de la reina María Luisa. Lo más probable es que el cuadro del fondo represente “los amores de Hércules y Onfale”, lo que da mayor significación ya que Hércules es el héroe del que proceden míticamente las dinastías de los Austrias y de los Borbones. Aunque el episodio de Hércules dominado hasta el ridículo por Onfale no parece ser el más propicio para resaltar la fortaleza del monarca.
De todos modos es poco probable que Goya se arriesgase a caer en una imprudencia pero es cierto que tampoco hay una intención aduladora. No hay trono, ni escudo de armas. Ni hay nada que subraye el rango ilustre de la familia Real por la gracia de dios. Más bien parece aproximarla a una familia burguesa que se ha reunido casualmente, lo que reforzaría el tema de la obra; el amor y la crianza de una familia modélica, que todavía conserva su poder real en un momento en el que se vive una fuerte crisis en Europa.

Parece que el cuadro definitivo no suscitó el entusiasmo de la familia real, que esperaba una pintura más grandiosa, semejante a La familia de Felipe V, obra de Van Loo. Sin embargo, no fue mal acogido. De hecho, si se comparan sus retratos con otros contemporáneos, se puede observar que Goya los pintó notablemente favorecidos. Pese a ello, en el pasado se vio en el cuadro una crítica de Goya a la Monarquía, con alusiones al aspecto aburguesado de los protagonistas. Se cuenta en ese sentido que Renoir, al visitar el Museo del Prado y ver este cuadro, exclamó: «El rey parece un tabernero, y la reina parece una mesonera...o algo peor, ¡pero qué diamantes le pintó Goya!».


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