viernes, 11 de diciembre de 2015

Antigua fábrica Can Batlló, historia y situación actual


El recinto de Can Batlló es el objeto principal de nuestro estudio y su devenir a través del tiempo, desde el momento que fue construido como recinto fabril en pleno auge de la revolución industrial en Cataluña, siendo propiedad de la familia Batlló, pasando por un conjunto de talleres alquilados a diferentes empresas arrendadas por el emblemático y polémico Muñoz Ramonet, a su estado actual; un espacio gigantesco a la espera de una reedificación que lo dote de nuevos usos adaptados a los tiempos modernos.

Concretamente, este estudio se centra en esta última parte vital del recinto, en el que se ha desarrollado una lucha a tres bandos, con diferentes intereses, entre la constructora propietaria, el Ayuntamiento y los vecinos, dotando al antiguo recinto fabril de un nuevo significado, no sólo como testigo material de un pasado de la ciudad, sino como un símbolo de la lucha vecinal y la movilización social que se ha desarrollado a raíz de la problemática. Una problemática traducida a un montón de promesas incumplidas, especulaciones del terreno con intercambios entre constructora y Ayuntamiento, y un recinto que divide un barrio en dos, con todas las posibilidades que puede ofrecer, restringidas.

Es por ello que vecinos, vecinas, ciudadanos, ciudadanas, unidos bajo el lema “Salvem Can Batlló”, decidieron plantar cara a la problemática con la efectiva y determinante idea de “Si no lo hacen ellos, lo haremos nosotros”, y así fue como empezó, entre asamblea y asamblea, la lucha vecinal que se expone en este artículo y que tuvo su momento cúspide un 11 de junio de 2011, cuando el Ayuntamiento se vio forzado a entregar la llave de uno de los bloques y mediante el voluntariado se comenzaron los primeros equipamientos para convertir Can Batlló en algo nuevo, algo hecho por todos, de todos y para todos.
Presentamos este artículo con la intención de profundizar en un caso que a todas nos llamaba la atención por su fuerte connotación social, en unos tiempos en que la reivindicación, las manifestaciones, las protestas, y las luchas sociales están al orden del día. Can Batlló no deja de ser una olvidada más por las fuerzas políticas que a base de la unión popular ha podido dar un paso hacia delante en su camino a la recuperación, no como fábrica, pero si como lugar emblemático e importante en el barrio.

Historia

Joan Batlló, personaje de gran prestigio e importante industrial, creó en 1876 la fábrica de la Bordeta, instalada en los terrenos de Can Mangala (tierras agrícolas). Los vecinos de la zona se resistieron a dejar construir las instalaciones. En diciembre de 1877 se llegó a un acuerdo provisional para que empezasen las obras. Finalmente, en el 1880 la fábrica entró en funcionamiento como “sobrinos de Juan Batlló S.A.”, con 700 telares mecánicos y más de 900 trabajadores, casi todo mujeres. En el 1883 se incluyó una sección de estampados. Posteriormente se fueron produciendo ampliaciones hasta llegar a la situación arquitectónica actual, un conjunto que hace alrededor de 14 hectáreas, pero en un principio se trataba de edificios de ladrillo a cara vista y de una sola planta.
A finales del siglo XIX la “Fábrica de Hilados y Tejidos de Algodón: Blanqueo, estampados y aprestos”, era una de las fábricas más grandes del país y la primera del barrio en ir con electricidad en vez de vapor. Llegó a ser de las más organizadas y importantes, incluso del extranjero.
Joan Batlló se las ingenió para viajar a África y Asia y comprar allí el algodón durante la guerra de los EEUU. Él conoció y estudió todos los adelantos industriales de Europa, que luego utilizaba en su propia fábrica. Las importaciones llegaban hasta las Américas españolas, Cuba y Filipinas, pero las destinaciones más habituales eran dentro del país, en Andalucía, Castilla, Valencia y Aragón.


Al cabo de los años, los sobrinos de Joan Batlló (Don Domingo y Don Ramón Batlló) le ayudaron en la dirección y la fábrica expuso en las naves españolas de la Exposición Universal de Barcelona en el 1888. Durante la guerra, el recinto fabril fue colectivizado por los trabajadores y Josep Tarradellas intentó hacer explosivos en él. Después fue devuelto a los propietarios.

El año 1943, la empresa fue vendida a Julio Muñoz Ramonet (1912-1991), que consolidó la transformación del recinto fabril en un conjunto de almacenes y talleres alquilados a diferentes empresas, situación que se mantiene hasta la actualidad aunque el número ya es escaso. Gracias a la especulación y la colaboración con el régimen fascista, Julio Muñoz Ramonet consiguió hacerse de oro. Con la crisis del algodón, en la década de los 60, la fábrica ya albergaba unas 200 empresas de ramas diversas como el de la construcción o el editorial, dando trabajo a más de 2.000 trabajadores. Muñoz finalmente huyó a Suiza porque estaba perseguido por la justicia debido a la evasión de impuestos y dejó la herencia a sus hijas. La propietaria actual de la finca es la Inmobiliaria Gaudir, de una de las nietas de Muñoz.

Debido a la cantidad de pequeñas y medianas empresas, algunos la llamaron “la ciudad de los oficios”. La construcción en los años 60 del primer cinturón de Barcelona, sobre el trazado de la antigua calle Badal, originó una importante concentración edificatoria con grandes densidades y alzados, al límite del ámbito de la intervención.
En 1976 muere Franco y se hace un plan general metropolitano. Se dice que todos los terrenos de Can Batlló pasarán a  ser equipamientos  y zona verde.
Los vecinos desde el año 1972 reivindican. Por un lado querían la creación de equipamientos en ese espacio,  por el otro había mucha gente trabajando dentro. La mitad de esas empresas, si se trasladaban, se perderían por el camino. Llegó un punto en que se empezó a negociar con los industriales. Al final se hizo y los talleres desaparecieron casi en su totalidad.


Justo antes de la aprobación de la PGM se produjeron dos hechos cruciales para el futuro del barrio: uno fue la desaparición de la estación de Magòria en el 1984, que se convirtió en una zona mayoritariamente deportiva, y la otra, el soterramiento de la línea de ferrocarril en el 1997.
En el 2006 la propiedad hace una propuesta para hacer 800 pisos. Volvieron a negociar  y decidieron 1.000 pisos de renta libre para la inmobiliaria Gaudir en la zona de la Gran Vía y 600 pisos de protección oficial en la Bordeta. Además, dentro del recinto, 21 equipamientos de todo tipo. Pasó el tiempo y no se hacía nada. Todo se fue muriendo y al final quedaron cinco industriales en los talleres. Los vecinos dejaron hasta junio del 2011 de margen para que se empezasen las obras; si ese plazo no se cumplia, ocuparían Can Batlló. Se empezaron unas reuniones con el ayuntamiento, los vecinos y los industriales, para aclarar que lo iban a ocupar si no se cumplía el plazo. Cuando faltaban ya pocos días para que se acabase el límite, hubo la campaña electoral municipal.
Los socialistas les cedían un bloque de la fábrica, pero los vecinos siguieron con la amenaza de ocupar de todas formas. También les ofrecieron un plan de compensación-cooperación. En todos los terrenos de Can Batlló había una junta de compensación (la Inmobiliaria Gaudir tenía más del 80%, el ayuntamiento un 5%, un vecino un 0'1%, etc..). Como eran equipamientos, no se podían cobrar alquileres, pero cobraban un mantenimiento y vigilancia. El plan de cooperación hace que el ayuntamiento, a pesar de que no sea propietario mayoritario, puede tutelar la propiedad y emprender acciones. Los socialistas perdieron las elecciones y Xavier Trias fue el nuevo alcalde de la ciudad.
A causa de ésta especulación urbanística que estaba afectando la re-urbanización de Can Batlló, en 2009 se creó la Plataforma vecinal Can Batlló para el barrio, lo que en un principio fue la Comisión de Vecinos de la Bordeta y el Centro Social de Sants.



Así se creó una junta de compensación que controlaba todos los pasos administrativos. Lo primero que se debía hacer antes de construir era pagar las indemnizaciones a las personas afectadas por el Plan General Metropolitano y que tenían que sufrir las expropiaciones, tanto los propietarios de las casas como los industriales que tenían su negocio en Can Batlló. Con el dinero de vender los pisos sobre el mapa la Inmobiliaria Gaudir se podía pagar las indemnizaciones y empezar a dar vida al proyecto. Pero cuando se estaban publicitando los pisos, cayeron los mercados financieros y el proceso se volvió a encallar porque no había compradores.

En el proyecto hay una serie de cláusulas que establecen que si pasados seis años no se hace nada, el Ayuntamiento puede cambiar el tipo de régimen. Lo tiene que cambiar a régimen de cooperación: el Ayuntamiento pagaría las indemnizaciones y después pasaría factura al propietario para empezar a construir. En noviembre de este año termina el plazo para hacer el cambio de régimen y tanto el gobierno saliente como el entrante se comprometieron a aplicarlo.

Desde el Ayuntamiento se decía a los vecinos y vecinas que en 2009 empezarían las obras. Pero después de más de 30 años de espera decidieron poner una fecha límite. Empezaron la campaña “Tic Tac Can Batlló”: si en junio de 2011 no habían empezado las obras entrarían al espacio y empezarían a autogestionarlo. Con diferentes campañas por el barrio se fue avisando de la inminente ocupación. Al fin y al cabo, espacios emblemáticos del distrito, como el parque de la Espanya Industrial (al lado de la estación de Sants) y el centro cultural El Vapor Vell, también lo conquistaron los vecinos.

En un artículo para la Vanguardia fechado el 7 de Junio de 2011, el reconocido periodista Quim Monzó se posicionaba al lado de la iniciativa vecinal de ocupar Can Batlló, y argumentaba que en marzo del 2009 el gerente de Urbanismo del Ayuntamiento prometió que en junio del 2011 las máquinas entrarían para iniciar lo que se había acordado en el plan de reordenación urbanística., motivo por el cual los vecinos se habían hartado de tanta falsa promesa e incumplimiento tomando como iniciativa la ocupación del recinto. En respuesta a dicho artículo, Carme Escrivá Romaní, Presidenta de la junta de compensación de Ámbito Batlló-Magoria, lo acusaba por escrito, en el mismo periódico, de falta de rigor y veracidad en sus informaciones publicadas, y pronunciaba que el plazo para el desarrollo y cesiones públicas del ámbito de Can Batlló finalizaba el 24 de noviembre de 2012, por lo que no existía ningún incumplimiento. A pesar de ello en atención a los intereses del Ayuntamiento, se había procedido a la cesión anticipada para fines públicos de las siguientes fincas: la nave donde está proyectado ubicar el Museo de Urbanismo, la cesión de aparcamiento municipal con un total de 133 plazas, que ya disfrutan los vecinos del barrio, la cesión anticipada de una nave de 700 m2 para actividades socioculturales y el ofrecimiento de otra nave de 595 m2 en parcela ajardinada de 1808 m2,de obra nueva, para biblioteca, sin tener contestación a dicho ofrecimiento. En consecuencia consideraba la pretendida ocupación vecinal,además de ilegal, un atentado contra la propiedad privada y el Estado de derecho y libertades fundamentales.

Días antes del 11 de junio la Administración dio por hecho que no se iban a empezar las obras y llegó a un pacto con los vecinos, podían entrar a Can Batlló, el bloque 11 era suyo. Y este sólo era el punto de partida. Para la entrada que ya estaba ganada de antemano, se preparó una jornada lúdico reivindicativa de tres días. Tres marchas salieron de diferentes puntos del barrio y confluyeron ante la puerta del recinto. Centenares de personas se congregaron delante de la entrada y, tras el sonar de una traca, entraron en Can Batlló. A ritmo de las batucadas y con un puño gigante encabezando la marcha, fueron descubriendo el inmenso espacio. Conciertos, espectáculos, actividades infantiles, comidas populares, exposiciones fotográficas y los inicios de lo que sería la Biblioteca Popular Josep Pons marcaron los primeros días. “Es una alegría infinita ver cómo desde el barrio organizado y con empuje podemos hacer cosas necesarias, y lo podemos hacer sin la necesidad, es más, en contra de las administraciones y de los intereses privados”, se alegra Toni Piñieiro, del área de comunicación de la asamblea de Sants.

De momento el espacio que tienen los vecinos en sus manos no para de crecer, el miércoles 13 de julio la comisión de negociación se reunió con el consistorio para que les de entrega de las llaves que dan acceso a otra nave de Can Batlló mucho más grande: más de 80.000 metros cuadrados. Este miércoles 13 de julio la propietaria incumplió su palabra al no querer entregar la llave de la nueva nave que había prometido. Los vecinos pudieron ver el espacio, que calificaron de “enorme” y lucharán para conseguir lo que se merecen.

Conclusiones

En total pasaron 36 años y la transformación del recinto seguía sin llevarse a término y así fue como el día 11 de junio de 2011 ocuparon el recinto, con aire festivo, durante una jornada llena de actividades para todas las edades, consiguiendo la cesión de una de las naves por parte del ayuntamiento, el bloque 11, que desde entonces ya alberga la biblioteca popular Josep Pons, un bar, un auditorio, y se están preparando nuevos espacios como un rocódromo y una sala de exposiciones temporales.


Ya se puede palpar uno de los primeros proyectos de Can Battló, el de la Biblioteca Popular Josep Pons, en memoria a un compañero del barrio muy activo en las luchas sociales. La inauguración fue el pasado 11 de julio, justo un mes después de la entrada. El fondo bibliográfico lo constituyen unos 1.500 libros de aportaciones particulares, pero se está a la espera de una donación de 3.000 libros de la parroquia de San Medir. “A mí me gustaría mucho que fuese un foco para la interacción social crítica, un lugar en el que se pueda pasar del conocimiento individual al colectivo” asegura Daniel Martínez, de la comisión de la biblioteca.


Lo cierto es que conseguir el bloque 11 fue una gran victoria, pero no la definitiva. Aún quedan vecinos e industriales por indemnizar, y el recinto continúa dividiendo el barrio en dos, sin los espacios verdes, equipamientos y viviendas que garantizan el plan de reforma urbanística. Además, la plataforma ha presentado alternativas al proyecto vigente ya que por petición popular creen que requiere una nueva redefinición que tenga en cuenta la participación del barrio. Se trata de una lucha constante por conservar y recuperar Can Batlló, que se ha convertido además en un símbolo de lucha vecinal.

Por otro lado, el proyecto tiene que conservar la chimenea y un par de masías como testimonio del pasado industrial y agrícola de la Bordeta, que están recogidas y protegidas por el catálogo de Patrimonio de la ciudad.

Estéticamente, la fábrica tiene situada la entrada principal por Gran vía, que puede parecer una referencia a un arco de triunfo, dada su composición. Actualmente está cerrada y la entrada se hace por la calle constitución donde hay un guardia de seguridad las horas que permanece abierto el recinto.
La fábrica consta de gran número de cuerpos y en ella destacan la chimenea y el cuerpo central, representativo de una gran fábrica de pisos que dispone de dos largos y anchos brazos, que definen además un cuerpo más bajo con arcadas para pequeños talleres o almacenes, y otro grande que tiene un pórtico apilastrado todo de piedra.

Hubo muchos aspectos que llamaron nuestra atención para seguir queriendo zambullirnos en el tema, pero destacamos por encima de todos, el hecho de que el voluntariado convirtiera un viejo bloque abandonado en una fantástica biblioteca, un bar y un auditorio, a la espera de nuevos espacios como lugar para exposiciones e infinidad de propuestas más. También que dicha biblioteca se componga de muebles hechos por los vecinos, con suma originalidad, como una puerta hecha a base de antiguas ventanas, y sobre todo, que todos sus libros, que no son pocos, sean donaciones, algo realmente admirable.

Conocimos el caso primeramente por los artículos de prensa. Todas habíamos oído hablar de la fábrica de una manera u otra, y aunque no era noticia de portada, si aparecían artículos, tanto en redes sociales, como en periódicos digitales, como por ejemplo el Diari Ara o el Periódico de Catalunya. Esto supuso que nuestro primer acercamiento al caso fuera en base a toda esta cantidad de prensa escrita, que nos llevó a ponernos en contacto con la Plataforma, pudiendo visionar su blog y viendo todo tipo de información respecto a la situación de la problemática.

El siguiente paso fue visitar el recinto, donde uno de los responsables se ocupó de darnos una visita guiada con fantásticas explicaciones que complementaron enormemente nuestros conocimientos del tema, además de resolvernos innumerables dudas, y facilitarnos la comprensión de la problemática, en especial a las relaciones con la constructora y el Ayuntamiento.

Después visitamos el archivo de Sants Hostafrancs, donde muy amablemente nos ayudaron a buscar información, desde libros que hablaban de la familia Batlló, hasta fotografías donadas por una de los miembros, que pudimos visionar durante horas.

Para desarrollar nuestro estudio, por tanto, utilizamos sobre todo fuentes directas, sin apenas bibliografía; mucha prensa y las explicaciones de Joan Costa, miembro de la Plataforma Can Batlló.

Bibliografía

A.A.V.V.: Estudios completos sobre la exposición universal celebrada en Barcelona en el año 1888.  Imprenta del Diario Mercantil, Barcelona, 1888. (Págs. 51-55).

CABALLÉ, Francesc. Desaparece el barrio de Icària, nace la Vila Olímpica. Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona, Vol. XV, nº 895 (9), 5 de noviembre de 2010

TATJER, Mercedes. Diez años de estudios sobre el patrimonio industrial de Barcelona. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales.  Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2008, vol. XII, núm. 270 (140)

Recursos web


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